viernes, 12 de junio de 2020

Cada 6 segundos se pierde un área de bosque del tamaño de una cancha de fútbol
MuyInteresante.com

En 2019 se perdieron 11,9 millones de hectáreas de bosques en los trópicos, de acuerdo con un informe publicado en Global Forest Watch, una plataforma que proporciona datos y herramientas para el monitoreo de bosques. Casi una tercera parte de estas pérdidas tuvo lugar en bosques primarios tropicales húmedos, que son zonas de selva tropical madura especialmente importantes por su biodiversidad y almacenamiento de carbono. Hablamos de que cada seis segundos se destruye una superficie de este tipo de bosque que equivale a un estadio de fútbol.


Cada 6 segundos se pierde selva equivalente a un campo de fútbol

A pesar de los esfuerzos para detenerla, la deforestación de bosques primarios aumentó un 2,8 % con respecto al año anterior, y varios países sufrieron pérdidas récord, debido fundamentalmente a los incendios pero también a otras causas. Es el caso de Brasil, un país que concentró un tercio de la pérdida de bosques primarios tropicales del mundo.

Durante el último año, la pérdida de bosque debido a la deforestación para fines agropecuarios y otros usos del suelo ha aumento rápidamente en la Amazonia brasileña. “Los incendios por causas naturales son muy poco frecuentes en la Amazonia brasileña y en otras selvas tropicales. A menudo, los incendios indican una deforestación previa: los agricultores y hacendados a menudo prenden fuego a los suelos recientemente deforestados para limpiarlos de ramas y tocones. 

El fuego también desempeña una función en los ciclos agropecuarios, de modo que es posible que el terreno que ha sido deforestado en el pasado vuelve a quemarse para prepararlo para una nueva siembra o para eliminar la maleza de las tierras de pastoreo”, indica el informe.

Además, los datos de Brasil también indican nuevos puntos de deforestación muy preocupantes, pues se encuentran dentro de territorios indígenas. Además, hace pocos meses, la administración de Brasil propuso una nueva legislación que permitiría la explotación minera y la extracción de petróleo y gas con fines comerciales dentro de los territorios indígenas.

Incendios en Bolivia y Australia

A consecuencia de los incendios forestales, en Bolivia se sufrió una tasa de deforestación muy elevada. Los incendios generalizados de 2019 fueron resultado de una combinación de condiciones climáticas y actividad humana. Muchos incendios probablemente fueron iniciados por personas, como ocurre todos los años, para despejar suelos agrícolas para sembrar, pero debido a los vientos persistentes y al clima seco se propagaron fuera de control hacia los bosques.

El informe no recoge los datos de Australia, que se encuentran fuera del área tropical, pero un estudio publicado en la revista Nature Climate Change en febrero indicaba que los incendios del verano de 2019-2020 se llevaron por delante el 21 % de los bosques templados del país.

Además de la deforestación para usos agropecuarios, el cambio climático también está contribuyendo a intensificar las temporadas de incendios en todo el mundo.

Datos para la esperanza

Por otro lado, el informe también arroja datos de algunos países en los que la tendencia a la pérdida de cobertura arbórea se está reduciendo. Es el caso de Indonesia, cuya pérdida de bosques primarios se redujo en un 5 % en comparación con 2018, una tendencia a la baja que se mantiene por tercer año consecutivo.

África occidental experimentó tendencias descendentes prometedoras después de un gran aumento en la pérdida de bosques primarios el último año. Comparado con el año anterior, Ghana y Costa de Marfil redujeron la pérdida de bosques primarios en más de un 50 % en 2019.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados por Naciones Unidas contemplan la protección y gestión sostenible de los bosques, ya que estos, “además de proporcionar seguridad alimentaria y refugio, son fundamentales para combatir el cambio climático, protegen la diversidad biológica y las viviendas de la población indígena. Al proteger los bosques, también podremos fortalecer la gestión de los recursos naturales y aumentar la productividad de la tierra”.

viernes, 29 de mayo de 2020

Un nuevo paradigma

El camino hacia una agricultura sin agroquímicos
clarin.com

La naturaleza y el mercado demandan cambios radicales. La genética y los productos biológicos serán herramientas clave en el agro del futuro.


¿Vamos hacia una producción agrícola extensiva sin el uso de agroquímicos? Pareciera que si, el tema es cuándo; posiblemente en los próximos 6 a 10 años estemos trabajando solo con ciertos productos específicos, y en 15 años o menos quizás ya no se necesite producir con estos aliados que, para la foto de hoy, parecen imprescindibles.

Se sabe que los mercados demandan cada vez más productos con menos residuos químicos, son las sociedades más avanzadas en ese sentido las que tienen mayores exigencias y lo reclaman, pero es una tendencia que va en aumento en todas las clases sociales.

La naturaleza también nos pide que usemos menos agroquímicos; el agua, el aire y los suelos están sufriendo el uso exagerado de productos químicos (principalmente herbicidas residuales) por parte de algunos sistemas agrícolas, sobre todo en lugares con problemáticas complicadas de malezas duras y resistentes a distintos principios activos.

Conocido es, por otra parte, qué bajando la carga de agroquímicos en los planteos extensivos, las napas y la materia orgánica de los suelos se estarán beneficiando y además se permitirán corregir ciertas falencias y adversidades que en las plantas hoy se disimulan, porque la mayoría de dichas sintomatologías son solo subclínicas.

El contragolpe de la naturaleza

Hay excesos importantes de agroquímicos acumulados (carry over) en muchos suelos de la región Pampeana y en la mayoría de los suelos más productivos del mundo. Frente a los grandes cambios propuestos por eventos transgénicos exitosos para la agricultura, y sobre todo cuando los mismos se masificaron alejados de las buenas prácticas de manejo, la naturaleza contragolpeó de manera categórica e impiadosa.

El ejemplo de lo que ha venido sucediendo con las malezas resistentes al Glifosato.

El ejemplo de lo que ha venido sucediendo con las malezas resistentes al Glifosato, es lo mas parecido al juego de la Oca, con un retroceso tecnológico alarmante y un deja vu al uso de algunos principios activos que parecían ya enterrados en el arcón de los recuerdos.

No quisiera señalar solo lo negativo y me gustaría poner énfasis también en que estamos trabajando, y desde hace tiempo, con mucha conciencia en hacer los tratamientos con productos más adecuados, inofensivos y menos riesgosos para la salud y el medio ambiente; con pulverizaciones más profesionales, más efectivas y controladas.

Todos cambios favorables y positivos que el sector agropecuario en nuestro país no ha sabido difundir y comunicar al resto de la sociedad (principalmente al mundo urbano) como correspondía, para llevar más tranquilidad y transmitir menos alarma.

Así y todo, y a pesar de los méritos y mejoras explicadas, parecería que actualmente no es suficiente y vemos un cliente que exige cada vez más trazabilidad desde origen con un prolijo y controlado uso de químicos y una posición que desde la demanda de los consumidores se empieza a endurecer con el correr de los años.

Como vemos la naturaleza, la sociedad, y los mercados nos están pidiendo cambiar.

Si esto es así, cuesta entender como haremos para hacer realizar este necesario cambio….

Nuevas herramientas, nuevo paradigma

Toda una generación de técnicos, productores, aplicadores, contratistas, hemos crecido y aprendido a cultivar y a producir con herbicidas, fungicidas, defoliantes, insecticidas y demás productos de síntesis química; casi que no nos entra en la cabeza seguir produciendo, manejando los cultivos, las rotaciones y mejorando los rindes, sin el aporte y complemento de los agroquímicos.

Trébol persa utilizado cómo cultivo de servicio antecesor de maíz tardío,  para control de malezas y generar nitrógeno para el maíz.

Los cultivos de servicio sin dudas empiezan a ser una luz en este camino. Advertidos de las ventajas que brindan a la rotación y sobre todo en la lucha contra las malezas, chacareros de todo el país comenzaron a incorporarlos de manera bastante generalizada (algo parecido sucede desde hace tiempo en Brasil). Son estos cultivos de servicio, intercalados generalmente entre 2 cultivos extensivos, un manejo diferente y practico donde el productor encontró entre todas las ventajas que otorgan, una ahorrativa y eficiente manera de controlar malezas complicadas, prácticamente sin uso de químicos.

Como en su momento la Siembra Directa, arranco como un sistema de manejo para frenar la problemática de la erosión hídrica y eólica, pero que en la medida que se fue expandiendo fue encontrando mejoras y soluciones a los obstáculos que se iban presentando, hasta lograr expandirse exitosamente en mas del 80% del territorio argentino. Así la Siembra directa fue transformándose rápidamente en un practica exitosa, moderna, eficiente, ahorrativa de costos y francamente mejoradora de la calidad y conservación de los suelos, frente a las viejas maneras de producir nada conservacionistas.

Sin embargo el éxito de la siembra directa estuvo siempre muy ligado a un mayor y mejor uso de agroquímicos y fertilizantes.

¿Que otras alternativas y herramientas, además de los cultivos de cobertura o servicio, se podrán considerar para poder dar este gran salto?

Personalmente creo que nos hemos olvidado, para el caso de las malezas, que el principal competidor de un yuyo es el propio cultivo.

Una genética diferente

Los genetistas durante años han trabajado en la ganancia en rendimiento como objetivo no único, pero si principal.

Posiblemente haya llegado el momento de encarar el mejoramiento y la selección hacia plantas de crecimiento inicial más acelerado, plantas más voluminosas, con hojas más planófilas y ramificadas, para que el sombreado sobre las malezas sea mayor y desde más temprano, obviamente sin descuidar el objetivo sustancial de todo programa que debe ser el potencial de rendimiento.

Tampoco hemos trabajado tanto sobre las raíces, debemos estudiar mucho más las raices, y hacer mejoramiento para producir sistemas radicales más profundos y eficientes. Le hemos prestado más importancia a la parte aérea y los desarrollos, estudios y mejoras fueron para el tallo, hojas y órganos de reproducción, sin tanto detalle por las raíces. Creo que esta fue siempre una asignatura pendiente desde el mejoramiento vegetal.

La caja fuerte

Hoy en día contamos con mejores tecnologías para evolucionar en mejoras sustanciales sobre todo el sistema radicular.

En ese sentido la microbiología del suelo es un gran aporte y puede serlo aún mucho más.

Tenemos una caja negra ahí abajo que ahora empieza a ser explotada y analizada como corresponde. Son infinitas las posibilidades que pueden brindar, solo estamos viendo la punta del iceberg, pero la contribución de bacterias, hongos y algas al control de plagas y parasitos, a la mejora en la nutrición y el estado general de las plantas va hacer cada vez más grande.

Quizás la maravilla natural de la simbiosis que logra el Rhizobium con las raíces de soja y otras leguminosas, con esos magistrales nódulos que toman el Nitrógeno del aire y lo transforman en aminoácidos con los que llenan de proteínas a la planta de soja, sea solo el comienzo de muchas nuevas y fructíferas sociedades.

Trichoderma es otro muy buen ejemplo con todos sus aportes de un nuevo y moderno fungicida biológico.

Los insectos benéficos y otros organismos, que ya son una contribución trascendente en algunos cultivos intensivos, tienen una asignatura pendiente desde los extensivos y seguramente ampliaran y diversificaran las herramientas necesarias para controlar malezas y plagas.

La edición génica con todo su portafolio de alternativas y los endófitos que ya llegaron para quedarse también serán eslabones imprescindibles para la protección y sanidad de cultivos.

Pulverizadoras y mosquitos seguirán aplicando, pero seguramente asperjaran mucho productos biológicos, fosfitos, elicitores, algas y activadores, los cuales serán moneda corriente en esta agricultura futurista. Repito: fosfitos, elicitores y bio estimulantes tendrían que ser protagonistas estelares de las pulverizaciones del mañana.

Seguramente aparecerán en las distintas instancias productivas nuevas alternativas todavía no inventadas, pero lo cierto es que la agricultura no será la de estos días.

Sin dudas la llegada de Covid 19 es un catalizador para que se instrumenten estos nuevos cambios y para romper moldes y modelos que van quedando anticuados, desafiando a los paradigmas de la agricultura actual.

Algo es cierto, los cambios serán muchos, el futuro de la agricultura ya está en marcha, es el momento de repensar y ver cómo mejor afectan esas transformaciones los hábitos de vida actuales y seguir produciendo cada vez más y mejor porque la población sigue creciendo; pero también porque hay que producir cada vez mas sano porque así lo demandan los clientes y por el bien de las futuras generaciones.

miércoles, 20 de mayo de 2020

El hielo de los glaciares ya registra señales del coronavirus
noticiasambientales.com

glaciar


El planeta tiene sus propios mecanismos para grabar la historia: desde los troncos de los árboles a los estratos del suelo, hay muchos lugares donde se pueden hallar pistas del pasado, reciente y remoto, de la Tierra. Un claro ejemplo son los glaciares: estas inmesas moles de hielo guardan desde vida prehistórica a cambios en el agua de los océanos. Y, ahora mismo, es muy probable que estén grabando pistas sobre el impacto del Covid-19 que revelará importante información a generaciones futuras.

«Estos registros serán encerrados en el hielo y preservados así», explica Lonnie Thompson, profesora de ciencias de la tierra en la Universidad Estatal de Ohio y científica sénior en el Centro de Investigación Polar y Climática Byrd del estado de Ohio. «Y eso significa que dentro de 100 o 200 años, ese hielo mostrará todo lo que está en la atmósfera ahora, e informará a las generaciones futuras sobre lo que está sucediendo ahora».

Ya hay indicios de que la pandemia actual de Covid-19 está afectando la atmósfera de la Tierra: a medida que la gente se quedaba en casa, los niveles de dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre cayeron sobre China y en gran parte de los Estados Unidos. Igual ocurrió en Europa. Esa disminución en los niveles de dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre será evidente en los niveles de nitrato y sulfato en los núcleos de hielo que se recuperen por parte de futuros glaciólogos.

Núcleos de hielo, líneas de tiempo
Durante décadas, Thomson ha llevado a equipos de científicos a algunas de las áreas más remotas del mundo para perforar largas columnas de hielo glaciar, llamadas núcleos. La nieve y el hielo se forman cada año en los glaciares de todo el mundo. En las partes más frías del planeta, la nieve y el hielo no se derriten: todo se acumula año tras año, dejando un registro anual durante milenios.

Y este agua congelada no solo atrapa microbios, bacterias, virus, plantas e incluso animales; también preserva todo lo que hay en la atmósfera en el momento en que se forma. Eso significa que los núcleos actúan como una especie de línea de tiempo.

De la Peste Negra a la Revolución Industrial
Los núcleos de hielo muestran cambios ambientales, tanto naturales como inducidos por humanos. Muestran el inicio de la Revolución Industrial a fines de la década de 1700, y señalan el momento en que los humanos comenzaron a agregar químicos, como sulfato y nitrato, a la atmósfera y agregar plomo a la gasolina. Los núcleos de hielo también documentan la aprobación de la Ley de Aire Limpio en 1970, después de lo cual las concentraciones de sulfato atmosférico han disminuido.

Los núcleos también mostraron evidencias de la Peste Negra, una pandemia a mediados de 1300 que sigue siendo la más mortal en la historia humana registrada. En algunos glaciares, el hielo que se formó durante los años de la Peste contiene menos plomo que el hielo que se formó durante los años anteriores, probablemente porque las actividades de minería y fundición disminuyeron bruscamente durante ese tiempo, al igual que hoy, algunas actividades industriales se han detenido. También muestras desastres naturales que afectaron a los seres humanos, como una gran sequía que duró alrededor de 1345 a 1390. Como resultado, los lagos y otras aguas continentales se secaron y la composición química de la atmósfera cambió: menos humedad y más polvo.

«La sequía redujo el grosor de los anillos de los árboles, pero también aparece en los núcleos de hielo en China y en la capa de hielo de Quelccaya en los Andes del Perú a medida que disminuye el grosor de las capas de hielo anuales», dijo Thompson. «Y vemos niveles más altos de polvo mineral y cloruro y fluoruro, que se originan de la evaporación a medida que los lagos se secan».

Aún más interesante, los núcleos de hielo reunidos de diferentes lugares del mundo muestran cambios similares al mismo tiempo. Por ejemplo, el hielo del Huascarán en Perú y el hielo de la meseta tibetana en las montañas del Himalaya, así como el hielo del Kilimanjaro en África, muestran todos evidencia de una sequía hace alrededor de 4.200 años, la misma firma de cambios en el polvo, los productos químicos y niveles de isótopos, a medio mundo de distancia.

La historia en los núcleos, y de la humanidad cambiando el medio ambiente, ajustándose a esos cambios y lidiando con dificultades, o causando problemas y tratando de solucionarlos «puede recordarnos que hemos tratado problemas como la pandemia Covid-19 antes», afirma Thompson. «Sospecho que hay algunas lecciones aquí que serían útiles hoy».

lunes, 11 de mayo de 2020

Brasil: la deforestación en la Amazonía subió casi un 64% en el mes de abril
infobae.com

La actividad ilegal afectó a 405,6 kilómetros en seis estados de la región, generando una pérdida de la cobertura de vegetación casi completa

Vista aérea de un lote deforestado del Amazonas en el estado brasileño de Rondonia. FOTO DE ARCHIVO. REUTERS/Bruno Kelly


El área desforestada ilegalmente en el Amazonas brasileña se estima que creció un 63,75% en abril respecto al mismo mes del año anterior, según datos por satélite del sistema de monitorización en tiempo real del estatal Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE).

Las informaciones de imágenes obtenidas por el sistema Deter-B indicaron que durante el mes de abril fueron emitidas señales de alerta en 405,6 kilómetros cuadrados de los seis estados de la región norte de la zona de Amazonía, más Tocantins (centro), Mato Grosso (occidente) y Maranhao (nordeste).

El aumento de la deforestación en la serlva Amazónica coincide con las medidas de aislamiento social, cuarentena y en algunos casos de confinamiento total, como en Belem y Sao Luiz, capitales de los estados de Pará y Maranhao, respectivamente, para contener el avance del coronavirus.

El récord de deforestación en Amazonas para el mes de abril fue en 2018 con 489,5 kilómetros cuadrados.

El estado con mayor deforestación en abril fue Mato Grosso, que contabilizó 144,58 kilómetros, equivalentes al 35,6 % del total.

De acuerdo con la muestra del sistema, el 96% del área que sufrió deforestación tuvo pérdida de cobertura de vegetación, solo el 2% la mantuvo y un 1,3% corresponde a actividades de minería.

FOTO DE ARCHIVO: Un bombero apaga un incendio forestal en Uniao do Sul, en Mato Grosso, Brasil. 4 de septiembre de 2019. REUTERS/Amanda Perobelli

El ejército en el combate contra la deforestación

Justo la víspera, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, autorizó el envío de las Fuerzas Armadas a diferentes estados del país para combatir la deforestación y prevenir incendios en el Amazonas brasileño, uno de los pulmones vegetales del planeta.

El decreto con la autorización fue publicado el jueves en el Diario Oficial y limita, por ahora, la actuación del Ejército entre los días 11 de mayo y 10 de junio para combatir la destrucción de la selva amazónica.

Según cálculos publicados recientemente por el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE), en el primer trimestre de este año la Amazonía brasileña, perdió 796,08 kilómetros cuadrados de cobertura vegetal, frente a los 525,63 kilómetros cuadrados desforestados en el mismo período de 2019.


Imagen de los incendios en el Amazonas

De esta forma, la tendencia de destrucción de la región amazónica sigue al alza, pues ya el año pasado la deforestación creció un 85% hasta los 9.165,6 kilómetros cuadrados, su mayor nivel desde 2016.

La Amazonía brasileña se vio fuertemente amenazada el año pasado por los incendios que castigaron la región entre los meses de junio y agosto y obligaron entonces al Gobierno a enviar a las Fuerzas Armadas para ayudar en el control del fuego.

Las imágenes de los incendios calcinando enormes extensiones de vegetación dieron la vuelta al mundo y provocaron una ola de indignación entre la comunidad internacional y las ONG, que acusaron del desastre a Bolsonaro, por su retórica antiambientalista.

El mandatario ultraderechista ha sido criticado dentro y fuera de Brasil por su política amazónica el año pasado, el primero de su mandato.

El amazonas tras los incendios forestales (Photo by CARL DE SOUZA / AFP)

Aunque la estación de incendios sólo comienza a fines de mayo con la sequía, ya hay señales preocupantes para este año.

Con información de EFE y AFP


lunes, 27 de abril de 2020

ESPAÑA

La tierra agrícola necesita descansar

ambientum.com

Paulino Martín, agricultor de 71 años en Fuente el Saúz (Ávila), recuerda cuando el pueblo diversificaba las producciones, de cereales a forrajes, pasando por leguminosas para alimentación de sus cabañas ganaderas y para la alimentación humana. El objetivo, sobre todo, era dejar descansar la tierra.



“Ahora estamos abusando de ella, la estamos forzando a producir año tras año a base de abonos minerales y se va a volver contra nosotros”, señala. “Los agricultores sabíamos mejor que nadie qué tierra debía descansar como barbecho o leguminosa para así lograr buenas cosechas y, además, ahorrar en abonos”.

Diferentes foros coinciden en que aproximadamente un 40% de los suelos ya están degradados. En el caso de España, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) estima que un 75% del territorio ya es susceptible de desertificación y que un 20% ya sufre este problema.

Cada año, como consecuencia de la erosión provocada por el viento y por la lluvia, se pierde una media de 30 toneladas de tierra por hectárea, según los datos recogidos en el Mapa de Aridez en España del Programa de Acción Nacional contra la desertización del Ministerio de Agricultura. 
Estudios de la Organización Mundial para la Agricultura (FAO) señalan que aumentar un centímetro el grosor de tierra puede tardar 1.000 años.

Tierra

Como consecuencia de un excesivo laboreo, del abuso de monocultivos o de fertilizantes, la materia orgánica se halla por debajo del 2%; hay un riesgo de mineralización de los suelos; una excesiva compactación de la tierra; más salinización, acidificación y, en definitiva, un agotamiento y fatiga de los mismos por unas prácticas insostenibles. Todo ello supone un atentado contra la salud del suelo, pero, además, un riesgo para la propia alimentación humana ante una población en expansión.

Frente a este escenario, un preparador de baloncesto pediría un tiempo muerto para tratar de modificar la estrategia en la utilización de la tierra.

Desde la Asociación Española de Agricultura de Conservación Suelos Vivos, AEAC-SV, su director, Emilio González, reclama un cambio en el modelo de gestión de los suelos: el laboreo mínimo o no laboreo, no voltear la tierra, dejar en el suelo restos de la cosecha como materia orgánica frenando así la erosión y sujetando el agua en la tierra, una mayor rotación de los cultivos, más superficies de barbecho, aumento de cultivos de leguminosas fijadores de nitrógeno y, en definitiva, dar un descanso a una tierra que está dando ya síntomas de fatiga.

Para acceder a las ayudas de la actual Política Agrícola Común y, sobre todo, la que se avecina, la Unión Europea contempla medidas más duras como la obligación de dejar un 5% de tierra de barbecho cuando la superficie de cultivo supere las 15 hectáreas; las rotaciones y diversificación de cultivos a partir de las 10 hectáreas de forma progresiva, y la obligación de la siembra de cultivos fijadores de nitrógeno con leguminosas como lentejas, guisantes, alholvas, vezas o yeros que, en el caso de España, en muchas zonas donde era habituales prácticamente han desaparecido.

Decisión voluntaria

Bruselas pide algo que antaño era una decisión voluntaria del propio agricultor, que conocía mejor que nadie las posibilidades de cada parcela.

“Ahora se siembra año sí y año también, cumpliendo las exigencias comunitarias de superficie de abandonos. Tratamos de cuidar la tierra porque es nuestro patrimonio, a partir de análisis de suelos y usando las tecnologías más modernas para dar a cada parcela las dosis justas en volumen y del nutriente que necesita”, señala Edu Ausin, uno de los pocos jóvenes en Mazuela, Burgos.

Raul Torrego, de Aldehorno, en Segovia, recuerda las sementeras cuando se vaciaban de basura corrales y tenadas para abonar los campos. Hoy casi no quedan esas basuras y se usan purines de las granjas de cerdos con la obligación de infiltrarlos en la tierra; abonos positivos, pero peligrosos por el riesgo de perjudicar la tierra y contaminar los acuíferos.

La AEAC-SV trabaja en distintos proyectos como el Life Agromitiga o Mosoex (Aumento de materia orgánica, gestión sostenible de sistemas extensivos), financiado por el Ministerio de Agricultura.

Este último pretende impulsar y divulgar un modelo innovador de gestión de los suelos que permita aumentar el contenido en carbono, luchar contra la erosión y la degradación, la reducción de emisiones de gases efecto invernadero y, en definitiva, dar una nueva vida para una tierra que se agotaba mejorando su fertilidad.

lunes, 13 de abril de 2020

Cambio climático: ¿futura pandemia global?
ecoticias.com

Paradoja de Jevons o efecto rebote: El aumento de la eficiencia con la que se usa un recurso no disminuye su consumo, sino que lo aumenta.

Cambio climático: ¿futura pandemia global?

En el mundo de la información, esta paradoja deriva en que, a medida que disponemos de medios más eficientes para transmitir información, como el correo electrónico o Twitter, no pasamos menos tiempo transmitiendo información, sino al contrario.

Otro ejemplo de esta paradoja lo encontramos en el sector energético: a medida que somos más eficientes, el número de personas abastecidas energéticamente aumenta, pero esto puede resultar en un incremento del consumo total de energía.

En resumidas cuentas, aunque parezca que ciertas acciones nos acercan a un objetivo en concreto, en realidad nos están alejando de este. Esta paradoja nos ayuda a comprender la relación entre la crisis del coronavirus y la crisis climática.

Durante los últimos días, múltiples medios de comunicación han destacado los efectos positivos sobre la naturaleza del actual confinamiento, como la reducción de emisiones de contaminantes o la presencia de animales en nuestras calles. Sin embargo, los expertos advierten de que no se trata más que de un espejismo.

La creciente pureza del aire no significa que se le esté poniendo freno al calentamiento global, ya que mientras que la polución del aire tiene una vida muy corta (en cuanto la gente deja de conducir, las emisiones bajan), los gases de efecto invernadero tienen una vida más larga. De hecho, en la atmósfera hay acumuladas grandes cantidades de dióxido de carbono desde la Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII.

Las crisis, por tanto, no son sinónimo de sostenibilidad medioambiental. Un ejemplo claro es la Gran Recesión de 2008: por aquel entonces, se apreció una reducción mundial del 1% en las emisiones de dióxido de carbono. Estas, sin embargo, se recuperaron al año siguiente y su crecimiento durante los dos próximos años fue excepcionalmente alto.

¿Se podría utilizar la pandemia actual como palanca de cambio para transformar nuestra sociedad en un sistema medioambientalmente sostenible? La incertidumbre es máxima y hay opiniones para todos los gustos; sin embargo, no debemos olvidar que la base de nuestra sociedad seguirá siendo la misma: total y absoluta dependencia en el crecimiento económico y una falta de conciencia medioambiental alarmante.




De hecho, la necesaria reactivación económica a través de paquetes de estímulo y distintas medidas durante los próximos meses podrían causar la denominada polución vengativa: inversiones en carbón, petróleo y las mismas industrias pesadas que en las pasadas décadas dieron tanto éxito económico a costa del medio ambiente.

Además, la gran caída del precio del petróleo en los últimos meses – hasta niveles que no se veían desde 1991 en plena Guerra del Golfo – hacen del crudo un elemento muy atractivo para impulsar la economía post-coronavirus. El problema, claro está, son los archiconocidos efectos negativos que este tiene en el clima y medio ambiente – y, por ende, en nuestra economía.

En este momento, surge la siguiente pregunta: ¿por qué algunas crisis, como la del coronavirus, se abordan de manera instantánea, eficaz y conjunta, mientras que otras, como la crisis climática, cuestan más asimilarlas y tomar medidas al respecto? Una posible respuesta se basa en que la sociedad percibe la crisis del coronavirus como un problema muy cercano y de urgencia extrema – su impacto se puede ver y palpar –, donde los cambios de comportamiento que están teniendo las personas tienen efectos positivos inmediatos, y los sacrificios asociados al confinamiento serán simplemente temporales.

Además, la colaboración internacional, aunque muy importante, no es condición sine qua non para tomar medidas a nivel nacional.

Con la crisis climática, en cambio, ocurre lo contrario: todo parece muy complejo y lejano, los cambios de comportamiento personales puede que no tengan un efecto positivo inmediato – ya que los resultados positivos se verán a medio y largo plazo –, los sacrificios de las personas no serían temporales, y se requerirá de transformaciones importantes en nuestro estilo de vida.

Por último, la colaboración internacional – junto con la complejidad y dificultad que ello conlleva – se hace indispensable para abordar el reto climático.

La crisis del coronavirus es la prioridad global número uno y el compromiso adquirido por la sociedad está siendo encomiable. Al mismo tiempo, el cambio climático, según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, pone en riesgo la vida de centenas de miles de personas cada año.

Precisamente ahora, los gobiernos están recibiendo críticas por no haber actuado a tiempo ante la pandemia del coronavirus. ¿No sería conveniente evitar tropezar con la misma piedra y anticiparnos a las consecuencias de una nueva crisis? Por ello, nuestro reto debe ser trasladar al desafío del cambio climático un sentido de urgencia parecido al de la pandemia actual. Y, todo esto, mientras nos recuperamos económica, social y psicológicamente de una crisis sin precedentes.

Que no es poco.

Autor: http://julengonzalezredin.com/

Julen González Redín Doctor en Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente



viernes, 10 de abril de 2020

Los bosques maduros ya no pueden absorber más carbono de la atmósfera
ecoticias.com

A pesar de que aumente el dióxido de carbono en la atmósfera, los bosques maduros, limitados en nutrientes, no lo absorberán, según un nuevo estudio. Los árboles adultos no solo no acumularán más carbono, sino que lo devolverán a la atmósfera.

Los bosques maduros ya no pueden absorber más carbono de la atmósfera

Una mayor cantidad de CO2 en la atmósfera no implica invariablemente una mayor captación de carbono por parte de los árboles, compensando así parte del aumento de dióxido de carbono que producimos en la Tierra, contrariamente a lo que se pensaba hasta ahora. Así lo demuestra un estudio publicado en la revista Nature, que revela dónde irá realmente ese CO 2 de más que van a recibir nuestros bosques maduros.

El equipo internacional, liderado por el Instituto para el Medioambiente de la Universidad Western Sydney en Hawkesbury (Australia) y que ha contado con participación española, realizó un experimento en un bosque nativo de eucaliptos en Australia, aumentando de manera artificial la cantidad de CO2 que suele recibir.

Se incrementó en concreto la concentración en 150 partes por millón, lo que corresponde a un aumento del 38 % por encima de las 400 partes por millón de la atmósfera actual. Tras este aumento del CO 2 los científicos monitorizaron el destino de ese carbono dentro del bosque de eucaliptos.

Los resultados mostraron que las plantaciones forestales en crecimiento y con fertilización secuestran más dióxido de carbono para obtener un crecimiento más rápido de los árboles jóvenes. Sin embargo, los efectos no son tan positivos cuando el experimento se lleva a cabo en bosques maduros.

En árboles adultos, este aumento experimental del CO 2 no se vio reflejado en un mayor crecimiento ni en una mayor acumulación en los árboles o en el suelo, en forma de materia orgánica, por ejemplo. Lo que sí aumentó fue la “respiración” del propio suelo, lo que resultó en una mayor liberación del carbono captado o acumulado previamente.

“Un aumento del CO2 atmosférico no tiene por qué resultar en una mayor acumulación de carbono en las plantas o en el suelo. Incluso, podría pasar que al acelerarse la actividad de las comunidades del suelo debido a un mayor aporte de azúcares por parte de las plantas se liberara parte del carbono acumulado en el ecosistema”, explica Raúl Ochoa-Hueso, investigador Ramón y Cajal de la Universidad de Cádiz y uno de los autores de esta investigación.

Junto a él, han participado Teresa E. Gimeno del Centro Vasco de Cambio Climático y del Ikerbasque y Juan Piñeiro de la Universidad de West Virginia.


Cómo respira el suelo

La respiración del suelo es la suma de lo que respiran todos los animales, plantas, hongos y bacterias, entre otros. Muchos de estos organismos viven directa o indirectamente de la descomposición de la materia orgánica del suelo así como de los aportes de azúcares que liberan las raíces de las plantas.

La función de estos azúcares es favorecer el crecimiento y la actividad de microorganismos que contribuyen a liberar del suelo nutrientes que son esenciales para las plantas, como el fósforo o el nitrógeno. Estos procesos de descomposición de materia orgánica y respiración de azúcares liberan CO 2 a la atmósfera.

“La exposición a largo plazo a elevados niveles de dióxido de carbono solo puede aumentar el almacenamiento de carbono en ecosistemas con árboles jóvenes o suelos muy fértiles”, subraya Mingkai Jiang, autor principal del trabajo e investigador en la universidad australiana.

En la actualidad solo dependemos de bosques maduros para absorber parte del dióxido de carbono adicional que estamos emitiendo. “Nuestros hallazgos sugieren que tenemos incluso menos tiempo del que pensamos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, apunta Jiang.

Aunque los bosques maduros sean importantes reservorio de carbono a nivel global, los resultados de este estudio confirman que “la principal estrategia para limitar el calentamiento de la Tierra, dentro de los objetivos previstos en el Acuerdo de París, debe ser la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera”, concluye Ochoa-Hueso.
Referencia:

Mingkai Jiang et al. “The fate of carbon in a mature forest under carbon dioxide enrichment” Nature 8 de abril de 2020

Fuente: Agencia Sinc