viernes, 10 de abril de 2020

Los bosques maduros ya no pueden absorber más carbono de la atmósfera
ecoticias.com

A pesar de que aumente el dióxido de carbono en la atmósfera, los bosques maduros, limitados en nutrientes, no lo absorberán, según un nuevo estudio. Los árboles adultos no solo no acumularán más carbono, sino que lo devolverán a la atmósfera.

Los bosques maduros ya no pueden absorber más carbono de la atmósfera

Una mayor cantidad de CO2 en la atmósfera no implica invariablemente una mayor captación de carbono por parte de los árboles, compensando así parte del aumento de dióxido de carbono que producimos en la Tierra, contrariamente a lo que se pensaba hasta ahora. Así lo demuestra un estudio publicado en la revista Nature, que revela dónde irá realmente ese CO 2 de más que van a recibir nuestros bosques maduros.

El equipo internacional, liderado por el Instituto para el Medioambiente de la Universidad Western Sydney en Hawkesbury (Australia) y que ha contado con participación española, realizó un experimento en un bosque nativo de eucaliptos en Australia, aumentando de manera artificial la cantidad de CO2 que suele recibir.

Se incrementó en concreto la concentración en 150 partes por millón, lo que corresponde a un aumento del 38 % por encima de las 400 partes por millón de la atmósfera actual. Tras este aumento del CO 2 los científicos monitorizaron el destino de ese carbono dentro del bosque de eucaliptos.

Los resultados mostraron que las plantaciones forestales en crecimiento y con fertilización secuestran más dióxido de carbono para obtener un crecimiento más rápido de los árboles jóvenes. Sin embargo, los efectos no son tan positivos cuando el experimento se lleva a cabo en bosques maduros.

En árboles adultos, este aumento experimental del CO 2 no se vio reflejado en un mayor crecimiento ni en una mayor acumulación en los árboles o en el suelo, en forma de materia orgánica, por ejemplo. Lo que sí aumentó fue la “respiración” del propio suelo, lo que resultó en una mayor liberación del carbono captado o acumulado previamente.

“Un aumento del CO2 atmosférico no tiene por qué resultar en una mayor acumulación de carbono en las plantas o en el suelo. Incluso, podría pasar que al acelerarse la actividad de las comunidades del suelo debido a un mayor aporte de azúcares por parte de las plantas se liberara parte del carbono acumulado en el ecosistema”, explica Raúl Ochoa-Hueso, investigador Ramón y Cajal de la Universidad de Cádiz y uno de los autores de esta investigación.

Junto a él, han participado Teresa E. Gimeno del Centro Vasco de Cambio Climático y del Ikerbasque y Juan Piñeiro de la Universidad de West Virginia.


Cómo respira el suelo

La respiración del suelo es la suma de lo que respiran todos los animales, plantas, hongos y bacterias, entre otros. Muchos de estos organismos viven directa o indirectamente de la descomposición de la materia orgánica del suelo así como de los aportes de azúcares que liberan las raíces de las plantas.

La función de estos azúcares es favorecer el crecimiento y la actividad de microorganismos que contribuyen a liberar del suelo nutrientes que son esenciales para las plantas, como el fósforo o el nitrógeno. Estos procesos de descomposición de materia orgánica y respiración de azúcares liberan CO 2 a la atmósfera.

“La exposición a largo plazo a elevados niveles de dióxido de carbono solo puede aumentar el almacenamiento de carbono en ecosistemas con árboles jóvenes o suelos muy fértiles”, subraya Mingkai Jiang, autor principal del trabajo e investigador en la universidad australiana.

En la actualidad solo dependemos de bosques maduros para absorber parte del dióxido de carbono adicional que estamos emitiendo. “Nuestros hallazgos sugieren que tenemos incluso menos tiempo del que pensamos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, apunta Jiang.

Aunque los bosques maduros sean importantes reservorio de carbono a nivel global, los resultados de este estudio confirman que “la principal estrategia para limitar el calentamiento de la Tierra, dentro de los objetivos previstos en el Acuerdo de París, debe ser la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera”, concluye Ochoa-Hueso.
Referencia:

Mingkai Jiang et al. “The fate of carbon in a mature forest under carbon dioxide enrichment” Nature 8 de abril de 2020

Fuente: Agencia Sinc

sábado, 14 de marzo de 2020

¿La contaminación ambiental favorece la propagación del Coronavirus?
meteored.mx

Ayer 11 de marzo el director general de la Organización Mundial de la Salud proclamó cómo emergencia internacional el brote de Coronavirus (COVID-19), declarándola como pandemia. Esto con motivo de la rápida transmisión y el alcance internacional de propagación que ha tenido esta enfermedad.

Contaminación ambiental


Con casi 125,000 casos registrados, a lo largo de 118 países, durante estas dos últimas semanas; el número de casos ‎notificados fuera de China se ha multiplicado casi por 13 y el número de ‎países afectados casi se ha triplicado, declaró el Dr. Tedros Adhanom, director general de la OMS.‎

Como hemos hablado en publicaciones anteriores la contaminación del aire es una de las causas más frecuentes de mortalidad en la humanidad. Los altos índices de gases de efecto invernadero antropogénicos en el aire que respiramos, facilitan el transporte de virus y bacterias, de ahí la importancia de cuidar el medio ambiente.

Si bien, aún no existen estudios que hablen de la relación directa de la contaminación con el COVID-19,no es difícil deducir que uno de los países con mayor número de habitantes a nivel mundial, y con índices de contaminación altos, sea propenso a que se formulen o muten nuevas enfermedades, como ha sido el caso de los múltiples virus gripales registrados en países como China.

Los microbios mutan y se adaptan sin cesar, generando enfermedades emergentes y epidemias de impacto mortal, a esto sumemos el ambiente contaminado, medio perfecto para la sobrevivencia de nuevas bacterias. Es fácil aprender a cuidar nuestro planeta, con años de antelación se ha motivado a las personas a reciclar y hacer uso de otras medidas ecológicas que mantengan un ambiente óptimo para nuestra salud.


Nuestro planeta esta enfermo
La OMS en coordinación con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), reportan que el 92% de la población mundial habita en áreas en las que la contaminación atmosférica supera los límites recomendados. África, Asia, Europa del Este y Oriente concentran las mayores emisiones de dióxido de carbono y el 94% de las muertes asociadas a la contaminación del aire o contaminación atmosférica.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE, por sus siglas en inglés), indicó en un estudio reciente que Georgia país eurasiático encabeza la clasificación de los países con mayor mortalidad asociada a la contaminación ambiental, con 300 muertes por cada 100,000 habitantes.

Por otro lado, el incremento irregular de las temperaturas a nivel local y global, está científicamente comprobado que influyen en el desarrollo de bacterias. Y en otras circunstancias, como lo que sucede con el derretimiento de hielo tibetano, donde virus mortales alojados han sido descubiertos dentro de casquetes helados con 15 mil años de antigüedad.

contaminación y enfermedades



Aun cuando es un desafío enorme mantener a nuestro planeta totalmente limpio, debido a la relación estrecha que tiene el poder del mercado, sobre el poder político. De forma personal, podemos hacer que nuestro medio ambiente comience a sanar y desde casa formular rutinas diarias que contaminen menos.

Buscar alternativas orgánicas, ecológicas y sustentables, vivir en un entorno limpio funcionaria con nuestro día a día. Como el caso de Singapur, país asiático quien implementó una campaña de limpieza para evitar la propagación del COVID-19.

Otras de las consecuencias claras que favorecen la aparición y el refuerzo de muchas enfermedades, es la contaminación del agua. El derrame de múltiples residuos nocivos ya sean orgánicos o industriales y el acumulación de aguas residuales, incrementan el riesgo latente de enfermedades como el Dengue, Tuberculosis y muchas otras crónicas como el Cáncer.


miércoles, 29 de enero de 2020

Deforestación en Bolivia
noticiasdelaciencia.com

Desde los años ochenta, esta área ha sufrido una rápida deforestación debido a un gran esfuerzo de desarrollo agrícola que ha llevado a habitantes del Altiplano andino a asentarse en los llanos de Bolivia.

Las llanuras bajas y las abundantes precipitaciones hacen que la región resulte ideal para la agricultura. De hecho, el clima local permite a los agricultores disfrutar de dos periodos vegetativos. La región se ha transformado, pasando de un denso bosque a una gran extensión de terrenos agrícolas con un patrón regular. Este método de deforestación, común en esta región de Bolivia, se caracteriza por los motivos radiales que pueden verse claramente en la imagen.

Cada campo de cultivo mide unos 20 km2 y tiene unos 2,5 km de longitud por cada lado.

En el centro de cada uno de ellos pueden apreciarse pequeños asentamientos, que suelen tener una iglesia, una escuela y un campo de fútbol. Estas comunidades se hallan comunicadas por una red de carreteras que en la imagen se distingue por las líneas rectas que cortan los campos radiales y se conectan con áreas adyacentes.

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También se pueden apreciar ríos y arroyos que atraviesan los campos. Las franjas largas y delgadas en la parte superior derecha de la imagen son en su mayoría cultivos de soja.

Los bosques de todo el mundo están siendo destruidos a un ritmo alarmante. Esto es motivo de gran inquietud, ya que desempeñan un papel importante en el clima a nivel planetario y son el hogar de una amplia variedad de plantas y animales.

Gracias a su perspectiva única desde el espacio, los satélites de observación de la Tierra son instrumentales a la hora de proporcionar información completa sobre el alcance real y la velocidad de la deforestación, lo que resulta especialmente útil para vigilar áreas remotas.

Esta imagen compuesta se creó combinando tres imágenes del “índice de vegetación de diferencia normalizada” de la misión Sentinel-2 de Copernicus. La primera de ellas, tomada el 8 de abril de 2019, se ve en rojo; la segunda, del 22 de junio de 2019, en verde, y la tercera, del 5 de septiembre de 2019, en azul. Este índice se utiliza mucho en detección remota, ya que ofrece a los científicos un dato preciso de la salud y el estado de crecimiento de la vegetación. (Fuente: ESA)

jueves, 5 de diciembre de 2019

ARGENTINA

Agroecología: un cambio lento pero firme
rionegro.com.ar

La agroecología emerge como una alternativa frente a la necesidad de consumidores y productores. El Río Colorado, se avanza en la conformación de un grupo que busca la ‘soberanía alimentaria’ y apuesta a la solidaridad y la ayuda mutua frente a la crisis.



“Gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar al mundo” (Eduardo Galeano).

En el mes de junio del corriente año, en la ciudad de Río Colorado, se llevó a cabo un taller sobre Agroecología y Soberanía alimentaria, organizado por el INTA, la Agencia de Desarrollo Río Colorado (ADERC) y la Agencia de Desarrollo CREAR. La serie de encuentros surgió a partir de una demanda a nivel local de un grupo de consumidores y un grupo de productores que querían saber más sobre estos temas. Por un lado los consumidores demandaban un alimento sano, seguro y soberano y por el otro, pequeños productores se preguntaban cómo producir en este modelo alternativo.

A partir de allí, se conformó un grupo que se autodenominó “Agroevolución Río Colorado”, los objetivos del grupo son propiciar la difusión de la agroecología como alternativa posible para alcanzar una alimentación sana y adecuada con productos locales (Soberanía alimentaria), revalorizando el rol de los pequeños productores y productoras. Participan del mismo, productores/as frutícolas, hortícolas, de aves, huerteros/as y docentes, especialmente del CET N°24. En este marco, acompañados por la Agencia de Extensión Rural Río Colorado de INTA, el programa Prohuerta, Ana Sirocchi y Pablo Barrena, se han organizado diferentes actividades como, intercambios de semillas, de plantines, insumos para los biopreparados y visitas a chacras de productores.

Uno de los mayores problemas que se plantearon en el grupo fue el acceso a la tierra, así surgió el intercambio entre una productora de Vid, quien ofreció parte de su chacra a un productor horticultor para realizar agroecología, a cambio de verduras para su consumo y por la importancia que para ella tiene el cambio de modelo productivo.

Frente a la crisis, que atraviesan los productores, y la incertidumbre para el cambio, la solidaridad, el intercambio y el apoyo mutuo, son las bases que fortalecen este grupo.
En este transitar, y conforme avanza la temporada, ya comienzan los consumidores a querer identificar y buscar en la Feria Franca Nehuen a los productores y productoras que están transitando este cambio.

Es por ello, que aparece la necesidad de comenzar a trabajar en un Sistema Participativo de Garantía. Estos sistemas se plantean como una alternativa a la certificación orgánica, que en general no están adaptadas a la realidad del pequeño productor, y poseen un elevado costo.
Según sus promotores, se plantean como una estrategia para fomentar el consumo local, a través de una certificación de calidad cruzada (productores-consumidores), que además de ser muy económica para los productores, acorta las líneas de comercialización, promoviendo un mejor precio de venta para el productor y de compra para el consumidor.

En esta vía, surge la vinculación con otros grupos e instituciones, como el CET N°24, el Módulo Agroecológico de Viedma, la Cátedra de Agroecología de la UNCO, el IPAF, la Delegación provincial de Medio Ambiente (representada por Gisel Etulain), la Feria Franca Nehuen, los consumidores “Comunidad saludable” y “Alimentación Saludable”, la Unión de Trabajadores de la Tierra, entre otros. Algo importante de resaltar es la participación activa del Centro de Estudiantes del CET N°24 y estudiantes de la ESRN “Dr. Bernardo Houssay”.


Agroecología

¿Qué es?

La agroecología consiste en un enfoque que se nutre de diferentes disciplinas científicas, así como de saberes, conocimientos y experiencias de los propios agricultores.

Permite diseñar sistemas más estables y con menores riesgos financieros, a través de la diversificación de la producción (evitando el monocultivo), y reduciendo (a través del reciclado, la autoproducción de semillas, guanos y biopreparados) la dependencia de insumos. Los mismos se tornan inaccesibles para algunos/as productores/as en momentos de alta inestabilidad económica como los que atraviesa Argentina, debido a su precio en dólares.

En números

140 son las familias pertenecientes a los dos grupos que trabaja en iniciativas agroecológicas en Río Colorado.


jueves, 28 de noviembre de 2019

Aplicación de fertilizantes de última generación reduciría la huella de carbono en la agricultura
revistatintaverde.com


En el debate sobre el cambio climático, cabe preguntarse por el papel que juega la agricultura en las emisiones de GEI. ¿Es sostenible el incremento de la producción agrícola? ¿Qué efecto tienen, por ejemplo, la produccción y el uso de los fertilizantes minerales?

Para Yara, compañía líder en soluciónes para la nutrición de cultivos, el presente y futuro de la agricultura están estrechamente vinculados al cambio climático. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) cree que ningún otro fenómeno impactará con tanta fuerza las zonas rurales y los sistemas alimentarios del planeta.

Por eso, en el marco del Día Mundial de los Fertilizantes, que se celebra el próximo 13 de octubre, la multinacional noruega hace un llamado a los gremios, la agroindustria y el Gobierno nacional, para impulsar una producción de alimentos baja en emisiones. De no hacerlo, los aumentos de temperatura sobrepasarán los 2°C, generando condiciones meteorológicas que muchos agricultores aún no sabrían cómo manejar.

“El primer paso es no cambiar el uso del suelo; debemos mantener los grandes depósitos de carbono, como bosques por ejemplo, que además de prestar un servicio crítico al ecosistema ayudan a preservar la biodiversidad. El segundo es impulsar la adopción de mejores prácticas en el uso de los fertilizantes minerales; aplicar fuentes de nitrógeno más eficientes, tales como los nitratos, que permiten aumentar el rendimiento en cosecha y reducen el impacto medioambiental”, afirma Chrystel Monthean, Business Unit Manager de Yara para Latinoamérica.

Según un reciente estudio del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), la agricultura, la ganadería y los cambios de uso de la tierra son responsables por el 23% de las emisiones de gases que producen el calentamiento global. Sin embargo, lo más alarmente es que, de acuerdo a la CEPAL, la contribución de América Latina y el Caribe es 1,5 veces superior, llegando al 42%[1]. Pero aún podemos hacer algo, si nos lo proponemos.

Nuestra región debe cambiar su forma de hacer agricultura y modernizarla, adoptar nuevas tecnologías de nutrición vegetal. Diferentes tipos de fertilizantes poseen distintas huellas de carbono, y solo aquellos de última generación pueden reducirla en la producción de alimentos. La huella de carbono es un indicador de los GEI emitidos a la atmósfera, en el ciclo de vida de cualquier producto.

“En algunas etapas de su ciclo de vida, los fertilizantes emiten gases de efecto invernadero (GEI), tales como CO2 (dióxido de carbono) y N2O (óxido nitroso). Sin embargo, los fertilizantes también estimulan la captación de CO2 por parte de las plantas y, al impulsar mayores producciones de alimento por unidad de tierra arable, ayudan a prevenir la deforestación y evitan cambios en el uso del suelo”, explica Margarita González, Directora de Agronomía de Yara para Latinoamérica.

Asimismo, cuando los fertilizantes se fabrican con baja huella de carbono y tienen fuentes de nitrógeno más eficientes, como los nitratos producidos en plantas europeas, contaminan mucho menos el aire, mitigan el cambio climático y facilitan una mayor producción de biomasa para fuentes de energía alternativas, tales como la caña de azúcar y el maíz.

“A medida que navegamos el camino hacia un futuro neutro en carbono, desde Yara incentivamos a los productores de Perú a sustituir fertilizantes convencionales, como la urea, el sulfato de amonio y el cloruro de potasio, por tecnologías más sustentables: fertilizantes a base de nitratos, que junto a nuestro conocimiento agronómico, les permiten aumentar su productividad, mejorar la calidad de su cosecha y cuidar el medio ambiente”, agrega Paulo Yvan, Director Regional de Yara South Pacific.

“Nuestros programas de nutrición ofrecen una proporción de nitrógeno nítrico mucho más alta que la de otros fertilizantes; los nitratos son la fuente preferida por las plantas y ofrecen grandes beneficios para el agricultor. Por eso, invitamos a las asociaciones de productores, las autoridades y la industria de alimentos, a repensar sus planes de fertilización y trabajar con Yara para reducir su huella de carbono, alimentar el mundo de manera responsable y proteger el planeta”, concluye Yvan.

El invento que más vidas ha salvado en el mundo 

Actualmente, la mitad de la comida que se produce en el mundo, para personas y animales, es posible gracias al uso de los fertilizantes. Lamentablemente, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hoy se pierden 4 hectáreas de tierras de cultivo por minuto en el mundo.

Sin duda, esto constituye una grave amenaza para la seguridad alimentaria de todos. Por eso, los suelos pueden nutrirse con fertilizantes orgánicos, cuando se encuentran disponibles en el suelo, pero también deben complementarse con fertilizantes minerales eficientes, a fin de mantener el contenido adecuado de elementos esenciales, que los cultivos necesitan para su correcto desarrollo.

En muchas ocasiones, los suelos presentan deficiencias de hasta un 85% en macro y micronutrientes, lo cual origina, en el caso de los seres humanos, problemas de crecimiento, debilidad muscular, osteoporosis y diabetes, entre otras enfermedades. Para Yara, estas deficiencias podrían prevenirse desde los alimentos, mediante una adecuada nutrición de cultivos con los nitratos.


jueves, 21 de noviembre de 2019

La actividad humana empobrece la naturaleza
ambientum.com

El clima determina el tipo de redes tróficas que encontramos en la naturaleza y las actividades humanas las empobrecen. Así lo confirma un estudio liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

A partir de la distribución geográfica y preferencias alimenticias de todos los mamíferos terrestres de gran talla del planeta, los autores encontraron que las comunidades se agrupan en seis tipos, en función de cómo son sus redes tróficas.

El clima desempeña un papel importante en la distribución de las especies, pero se sabe poco de su efecto sobre las interacciones entre los organismos que conviven en un mismo lugar. Un nuevo estudio, publicado en Nature Communications y liderado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) se centra en una de las formas más importantes de interacción entre los seres vivos: la alimentación.

La investigación, que ayudará a predecir los efectos del cambio global sobre las comunidades biológicas, muestra cómo varía la organización trófica de las comunidades en función del clima, así como el efecto que las actividades humanas tienen sobre dicha organización.

“Con la ayuda del agua y los nutrientes del suelo, las plantas transforman la energía que les llega del sol en distintos recursos vegetales, tales como hojas o semillas. Esa biomasa vegetal sirve de alimento a distintos tipos de consumidores, tales como folívoros o granívoros. La hipótesis de partida es que la cantidad de energía disponible en cada región, determinada por el clima, restringe el tipo de redes tróficas que pueden existir. El resultado fue sorprendentemente claro”, afirma Miguel B. Araújo, investigador del MNCN.

Naturaleza

Los científicos analizaron las distribuciones geográficas y preferencias alimenticias de todos los mamíferos terrestres con un peso mayor de 3 kg. “Descubrimos que se agrupan en comunidades que, en función del clima en el que se encuentren, tienen un tipo u otro de organización trófica”, explica Manuel Mendoza, también del MNCN.

“Existe un aparente determinismo en las redes tróficas que, según parece, emerge por autoorganización, como resultado de la optimización en la explotación de los recursos disponibles. En concreto, encontramos seis formas básicas de organización trófica, a las que denominamos: boreal, templada, semiárida, tropical estacional, tropical húmeda y depauperada”, puntualiza.

Cómo afectan los seres humanos

Los resultados también muestran que las actividades de nuestra especie afectan directamente a la estructura trófica de las comunidades, disminuyendo el número de especies de esas comunidades respecto a lo que se espera, en función el clima en el que viven.

“Las estructuras depauperadas son muy interesantes. Las hemos encontrado en las islas oceánicas, en desiertos y en regiones polares, pero también en regiones muy afectadas por la actividad humana. En islas, es posible que dicha simplificación esté asociada a la dificultad de determinados niveles tróficos para colonizar estos territorios, pero también es posible que estén depauperadas por extinciones pasadas, inducidas por actividades humanas”, explica Miguel Araújo .

El científica revela que encontraron en algunas comunidades boreales o templadas de Europa y Norteamérica, que se están empobreciendo, o en comunidades tropicales, que se están transformando en semiáridas.

“Estos resultados nos ayudarán a predecir los efectos que el cambio climático y las distintas actividades humanas están teniendo ya y tendrán sobre la biodiversidad, puesto que las redes tróficas son la forma que esta tiene de autoorganizarse para explotar de forma eficiente los recursos disponibles en los ecosistemas”, concluye Araújo.


Fuente: MNCN-CSIC, Agencia SINC

miércoles, 20 de noviembre de 2019

ARGENTINA

Nuevo paso para proteger a los bosques nativos
lmneuquen.com

Se presentó un proyecto de ley para el ordenamiento territorial.

Nuevo paso para proteger a los bosques nativos


A partir de una exigencia a nivel nacional, la Legislatura provincial recibió ayer el proyecto de ley de Ordenamiento Territorial del Bosque Nativo, que apunta a proteger las superficies forestadas de la provincia. En el marco de esta iniciativa, se informó que se sumaron más de 50 mil hectáreas de bosques nativos al territorio neuquino.

Facundo López Raggi, ministro de Producción e Industria, informó que el proyecto busca adaptar la actual normativa, la ley provincial 2780, a la reglamentación nacional y que intensifica los criterios de conservación de estos espacios naturales.

Con la nueva redacción, la provincia sumará al menos 10 criterios de conservación ambiental en lugar de los tres que rigen actualmente en los bosques de la provincia. A su vez, el proyecto categoriza el territorio en tres colores que distinguen los niveles de protección y cuidado de esos ecosistemas.

Con el color rojo se identifica a esos bosques que requieren un alto grado de conservación, que no deben desmontarse ni utilizarse para la extracción de madera y que deben mantenerse como bosques para siempre. Con el tono amarillo se califica a las áreas de conservación media, que pueden estar degradadas pero que si se los restaura pueden tener un valor alto de conservación. Estas áreas no pueden desmontarse, pero pueden ser aprovechadas para el turismo, la recolección o la investigación científica. Por último, se usa el color verde para calificar a los espacios de bajo grado de conservación, que pueden ser transformados de manera parcial o total.
"Es el estado de conservación menor, donde se permiten algunas otras actividades, siempre tratando, en sentido amplio, de conservar el bosque", señaló el ministro.

Para llegar al documento final, el gobierno provincial realizó talleres abiertos a la comunidad y se trabajó con el análisis de mapas satelitales que permitieron sumar nuevos espacios a la normativa, como bosques de araucarias y cipreses que antes no habían sido contemplados como parte de las superficies a proteger. Este trabajo permitió incorporar unas 50 mil hectáreas de bosques, lo que implica un crecimiento del 9% en la superficie de bosques nativos gracias a la incorporación de nuevos criterios para calificar estos ecosistemas.