jueves, 13 de octubre de 2022

Mariposas y cambio climático: adaptarse o morir
theconversation.com

“No es la más inteligente de las especies la que sobrevive; ni la más fuerte; sino aquella capaz de adaptarse y ajustarse mejor al entorno cambiante en el que se encuentra”. Esta es seguramente una de las citas más conocidas de Charles Darwin, aunque se le atribuye erróneamente. En realidad, proviene de una interpretación del profesor Leon C. Megginson en su artículo Lessons from Europe for American business sobre el libro El origen de las especies de Darwin. En cualquier caso, esta idea fue la que nos llevó a plantear la principal hipótesis de nuestro último trabajo.

Los efectos del cambio climático han sido documentados en multitud de plantas y animales, pero un grupo de especies en concreto, las mariposas, ha sido uno de los mejor estudiados. La elevada sensibilidad y la rápida respuesta a los cambios ambientales, juntamente con su popularidad en proyectos de ciencia ciudadana, han hecho de las mariposas un perfecto modelo de estudio.
Las mariposas adelantan su vuelo

La fenología es la ciencia que estudia la relación entre los factores climáticos y el ciclo de los seres vivos, como, por ejemplo, la floración de las plantas, la migración de las aves y el período de vuelo de las mariposas. En un artículo previo describimos cómo muchas especies de mariposas están avanzando su emergencia (es decir, empiezan a volar antes) como respuesta al aumento de las temperaturas.

Pero en ese momento poco sabíamos sobre cómo estas respuestas se relacionaban con las tendencias poblacionales de las mariposas. Es decir, ¿qué supone para las mariposas empezar a volar antes? ¿Qué efecto tiene para sus poblaciones? ¿Permiten estos avances fenológicos una adaptación de las especies al cambio climático, y, por tanto, las especies que ajusten más su ciclo biológico al clima cambiante tendrán más posibilidades de sobrevivir?


Para intentar contestar estas preguntas, analizamos las tendencias de 51 especies de mariposas en Cataluña y Andorra gracias a los datos recogidos durante 26 años de seguimiento por parte del proyecto de ciencia ciudadana del Catalan Butterfly Monitoring Scheme (CBMS).
Las especies mejor adaptadas sobreviven

Nuestros resultados, publicados recientemente en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, demuestran una vez más el alarmante declive de las mariposas: más de la mitad de las especies disminuyeron su abundancia significativamente.

Las especies más especializadas, aquellas que solo viven en hábitats muy concretos o cuyas larvas solo se pueden alimentar de unas pocas especies de plantas, fueron las más afectadas. Este resultado se relaciona con la vulnerabilidad de las especies especialistas a los cambios en los usos del suelo y a la actividad humana.





Por otro lado, un análisis más complejo demuestra que las tendencias poblacionales están también determinadas por la sensibilidad fenológica de las especies a la temperatura.

Pese a que el 90 % de las especies avanzan su vuelo en respuesta a una mayor temperatura, hay especies que lo hacen en mayor medida que otras. Aquellas especies cuyo período de vuelo se ve más influido por la temperatura, avanzando o retrasando más marcadamente su emergencia en función del clima, son las que menos han sufrido en las últimas décadas. En cambio, aquellas con una menor respuesta fenológica a la temperatura han sufrido un declive mayor.

Todo esto sugiere que la capacidad de las especies de ajustar su calendario biológico en función del clima podría ser un rasgo adaptativo que permitiría a las mariposas una mayor sincronización con los recursos de los que se alimentan. Por ejemplo, avanzando su aparición en años cálidos en que las plantas avanzan su floración, las mariposas conseguirían mantener la sincronización entre su máximo de abundancia y el máximo de floración de las plantas.

Las especies con una menor capacidad de avanzar o retardar su vuelo en función del clima podrían ser las más vulnerables y amenazadas por el cambio climático debido a la pérdida de sincronía con las plantas de las que dependen.

La hipótesis apócrifa de Darwin, por tanto, se podría trasladar al contexto de las tendencias de las mariposas mediterráneas. Aunque por entonces, cuando planteó sus hipótesis a una escala de miles de años, seguramente no se imaginaba que siglo y medio más tarde viviríamos un experimento a tiempo real: el cambio climático debido a la actividad humana y su efecto en las especies.


miércoles, 5 de octubre de 2022

Así es cómo los principales bancos centrales del mundo financian la deforestación de bosques en Brasil
n.com.do


El Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo y el Sistema de la Reserva Federal de EE.UU. aparecen señalados como partícipes de la destrucción de bosques en la Amazonía de Brasil —territorios de gran importancia medioambiental que resultan críticos para el clima globa— al comprar millones de dólares en bonos para el agronegocio.

Una investigación titulada “Destrucción Bancaria” —de la ONG internacional Global Witness— fue publicada este miércoles y detalla cómo los bancos centrales financian “la destrucción ambiental”, al comprar “grandes volúmenes de deuda” emitidos por empresas vinculadas a la deforestación y pérdida de biodiversidad.




De acuerdo al estudio, la Reserva Federal de EE.UU. ha comprado un total combinado de 16 millones de dólares en bonos emitidos por las empresas Archer Daniels Midland Company (ADM), Bunge Ltd Financial Corp y Cargill, desde 2020, todas acusadas de participar en deforestación y acaparamiento de tierras, aunque niegan estas actividades.

Por su parte, desde 2016, el Banco de Inglaterra compró “una participación no revelada”, a través de un bono corporativo de 150 millones de libras esterlinas (más de 162 millones de dólares), emitido por Cargill. En el caso del Banco Central Europeo, el informe indica que la entidad adquirió “una cantidad no revelada de deuda” emitida por Bunge Finance Europe B.V. En ambos, casos la ONG considera que no publicar los valores de esas participaciones genera “una falta de transparencia”.

De acuerdo con Global Witness, los daños de las empresas mencionadas se han ejecutado en ecosistemas delicados, que incluyen bosques del Cerrado brasileño, una enorme sabana biodiversa que es parte de la selva amazónica y que es conocida como la cuna de las aguas, porque alberga las cabeceras y la mayor parte de las cuencas hidrográficas suramericanas y de los grandes afluentes del Amazonas.

“En un momento en que la crisis climática está devastando países de todo el mundo, es inaceptable que los bancos centrales más grandes estén financiando empresas vinculadas a la destrucción de los bosques y los abusos de los derechos humanos asociados”, señaló Veronica Oakeshott, líder del equipo forestal de Global Witness.

“Necesitamos esos bosques en pie”

Oakeshott agregó que la situación con respecto a la deforestación de bosques en la Amazonía es tan crítica, que si el mundo quiere poner freno al cambio climático, debe velar porque la destrucción no siga.

“Si queremos tener alguna esperanza de limitar el cambio climático, necesitamos esos bosques en pie. Cualquiera que sea el motivo por el que se establecieron sus esquemas de compra de bonos corporativos, ciertamente no fue esto”, dijo la investigadora.

El informe también estima que mediante la compra de bonos corporativos, los tres bancos señalados se hacen cómplices de abusos contra los Derechos Humanos porque tanto ADM, Bunge y Cargill, ejercen presiones en instancias multilaterales para que se siga permitiendo la deforestación, mientras impulsan el agronegocio en zonas en conflicto, donde sus habitantes tradicionales —entre ellos población indígena— viven en condiciones de pobreza y vulnerabilidad, y son víctimas de ataques, prohibición del acceso a la tierra y daños ambientales graves.

“Los hallazgos de Global Witness se hacen eco de la investigación del New Economics Foundation, un grupo de expertos británico, que sugieren que hay un ‘sesgo de carbono’ en el programa de flexibilización cuantitativa del Banco de Inglaterra, que ha llevado a invertir desproporcionadamente en sectores intensivos en carbono, incluidos los combustibles fósiles”, agrega el informe.

El estudio también concluyó que los tres bancos mencionados también aparecen en la financiación de más de 300 empresas vinculadas a la producción de carne de res, soya y aceite de palma, cuyas operaciones pueden impactar otros bosques tropicales en regiones como el sureste de Asia, África central y occidental, y otras partes de Suramérica.

Recomendaciones

La investigación recomiendan que los bancos centrales dejen de invertir en los bonos vinculados a la destrucción medioambiental; mejoren sus estrategias para la protección del clima, la naturaleza y la biodiversidad, con nuevas inversiones; y generen políticas de información sobre la deforestación.

También instan a evaluar la exposición que tiene el sector financiero a la deforestación, así como los riesgos asociados de sus inversiones en el agronegocio y otras industrias que ocasionan daños al medioambiente, a partir de políticas de “supervisión prudencial conexas”.

De igual forma, la ONG advierte que los gobiernos “deben regular de manera efectiva” tanto a las instituciones financieras como a las empresas, “para detener y prevenir la financiación de la deforestación”, y “facultar a los bancos centrales para ejecutar sus función de supervisión prudencial con eficacia”.

Global Witness fue fundada en 1993 y trabaja “para romper los vínculos” entre la explotación de recursos naturales, los conflictos, la pobreza, la corrupción y los abusos de los Derechos Humanos en el mundo.



Fuente RT

miércoles, 17 de agosto de 2022

REVERTIR EL CAMBIO CLIMÁTICO

El flitoplancton puede enfriar la Tierra y parar el cambio climático
elconfidencial.com


Las medidas para bajar los niveles de CO₂ del planeta pueden no ser suficientes para alcanzar los objetivos de París, pero hay un aliado natural que nos puede ayudar: el océano




La batalla contra el clima no va bien. El calentamiento del planeta avanza más rápido de lo que se esperaban los científicos y la reducción del empleo de combustibles fósiles no es tan radical como para alcanzar los objetivos de Paris. Los expertos coinciden en que para reducir el volumen de CO2 en la Tierra vamos a tener que usar también nuevas herramientas de captura de carbono, pero, entre las que se barajan hoy en día falta una solución que muchos científicos creen que es sencilla, eficiente y barata de aplicar: aprovechar la capacidad natural del fitoplancton marino para absorber CO2 del aire.

El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) volvía a pegarle un tirón de orejas a los gobiernos y avisaba de que sus efectos en el planeta ya están golpeando a algunas comunidades y seguirán haciéndolo en los próximos años. Además hemos sabido hace poco que el aumento de las temperaturas se está acelerando en los polos, en el caso del ártico es cuatro veces más rápido de lo que esperaban los investigadores.

A pesar del panorama de extrema urgencia, muchos investigadores y expertos piensan que, aunque no seamos capaces de parar el golpe por completo, todavía hay tiempo de adaptarnos a los cambios que ya ha habido y a los que faltan por venir. Pero para ello hay que actuar rápido y de manera contundente.

Cuando se habla de luchar contra el cambio climático, en gran medida se está hablando de reducir el CO2 presente en el planeta. Para eso se están implementando medidas que reducen las emisiones provocadas por los combustibles fósiles, pero esto solo reduce la cantidad de carbono que emitimos y no elimina el que ya hay atrapado en nuestra atmósfera

Hay tecnologías capaces de absorber ese CO2, pero la captura y el almacenamiento de carbono por ahora es caro y no acaba de ser eficiente del todo. Los científicos han desarrollado en este tiempo nuevas soluciones que podrían ayudar, aunque todavía no han salido del laboratorio para usarse a gran escala. Dentro de estas soluciones hay una que ha pasado desapercibida durante mucho tiempo, que se produce de manera natural en nuestros océanos y que se puede aplicar de forma rápida y barata.

El primer estudio en profundidad sobre esta solución se llevó a cabo hace casi 20 años. Ken Buesseler, radioquímico marino del Instituto Oceanográfico de Woods Hole, en Massachusetts, EEUU, publicó un artículo en la revista Science titulado ‘Los efectos de la fertilización con hierro en el secuestro de carbono en el Océano Austral’. Este estudio se basa en la capacidad de los océanos, que cubren aproximadamente el 70% de la superficie de la Tierra, de absorber el dióxido de carbono disolviéndolo de forma natural. El fitoplancton es un conjunto de organismos acuáticos que, igual que las plantas en la tierra, utilizan el dióxido de carbono y la luz solar para realizar la fotosíntesis. Además, durante ese proceso producen oxígeno. Se estima que el fitoplancton es responsable de entre el 50 y el 80 por ciento del oxígeno de nuestra atmósfera, una cifra que ha ido descendiendo desde hace décadas debido al progresivo calentamiento de los océanos.

Una forma de estimular la absorción de CO2 es introducir hierro en el agua, un nutriente que ayuda al fitoplancton a florecer y hace que se extienda absorbiendo más carbono. En muchas partes del océano la presencia de hierro es baja, así que aumentar la cantidad de este elemento podría aumentar su producción.

"Lo que ocurrió hace 20 años es que empezamos a ir de un lado a otro y a esparcir una forma química de hierro y a buscar la respuesta del fitoplancton -la respuesta de las plantas- y, de hecho, se demostró muy claramente que si se aumenta el hierro se puede crear una mayor captación de dióxido de carbono", afirma Buesseler en declaraciones para el The Daily Beast. "La diferencia entre ahora y hace 20 años es que creo que la crisis climática es mucho más evidente para el público".

Buesseler ha trabajado recientemente junto a otros científicos en un informe para las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EEUU que examinaba las distintas soluciones al cambio climático, incluida el aumento de los niveles de fitoplancton. "Tenemos una gran reserva. Ya absorbe un tercio de los gases de efecto invernadero. La pregunta que la gente se hace ahora es qué podemos hacer para potenciarlo". dice Buesseler. "Salgamos a la calle. Hagamos experimentos".

Según el investigador, estos experimentos son inocuos para ecosistema natural del océano, pero nos ayudarían a encontrar maneras de introducir el hierro en el agua a mayor escala perturbando lo menos posible el ecosistema marino a largo plazo. Buesseler piensa que, siendo conservador con las estimaciones, se podría capturar hasta una gigatonelada de dióxido de carbono al año si este proceso se realizara de manera masiva. "Cambiará los tipos de plantas y animales que crecen, pero eso ya está ocurriendo con los cambios de temperatura y acidez", aseguró.


Hacerlo a gran escala no sería demasiado caro ni difícil, asegura David Siegel, profesor de ciencias marinas en la Universidad de California, Santa Bárbara, para el medio americano. "Puede hacerse de forma relativamente barata. Cada átomo de hierro que se añade en los lugares adecuados puede hacer que decenas de miles de átomos de carbono se fijen", es decir, que sean absorbidos por el agua. 

"Es bastante eficaz", afirma Siegel. "Se pueden desplegar barcos que liberen óxido de hierro en el agua -incluso sólo mineral de hierro en el agua- y se pueden hacer floraciones que se pueden ver desde el espacio. Eso lo sabemos".

Además, según experiencias pasadas de otros investigadores, el fitoplancton puede empezar a florecer en solo 24 horas. Sin embargo, tanto Buesseler como Siegel coinciden en que la captura de CO2 por este método sería solo una de las varias soluciones a implementar y que de ninguna manera podría reemplazar a las políticas de abandono de los combustibles fósiles. 

"Incluso si descarbonizamos nuestras economías, aún quedan unas 20 gigatoneladas de dióxido de carbono que deben ser eliminadas de la atmósfera para acercarnos a los objetivos del Acuerdo de París", dijo Siegel.

 El agua de lluvia no es potable en ningún lugar del mundo

ambientum.com




El agua de la lluvia ha dejado de ser segura incluso en zonas de la Antártida o en el Tíbet debido a la presencia de sustancias creadas por el hombre. Así lo demuestra un estudio realizado por la Universidad de Estocolmo y ETH Zurich.

Sustancias PFAS presentes en la lluvia

En la investigación se ha detallado que las sustancias PFAS —perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas— presentes en la lluvia y la nieve hacen que los niveles medioambientales estén por encima de los niveles de referencia. Este tipo de sustancias se propaga globalmente en la atmósfera. Asimismo, los niveles mínimos para PFAS en agua potable se han reducido drásticamente debido a nuevos conocimientos sobre su toxicidad.

«Ha habido una disminución asombrosa en los valores de referencia para PFAS en el agua potable en los últimos 20 años. Por ejemplo, el valor de referencia del agua potable para una sustancia bien conocida en la clase de PFAS, a saber, el ácido perfluorooctanoico (PFOA), que causa cáncer, ha disminuido 37,5 millones de veces en los EE UU«, dijo Ian Cousins, autor principal del estudio.

El agua de lluvia en todas partes se consideraría insegura para beber

“Según las últimas pautas de EE UU para PFOA en el agua potable, el agua de lluvia en todas partes se consideraría insegura para beber. Aunque en el mundo industrial no solemos beber el líquido de lluvia, muchas personas en todo el mundo esperan que sea segura para beber y que suministre muchas de nuestras fuentes de este líquido potable”, explica Cousins.

Los PFAS son perjudiciales para la salud y para el medio ambiente. Estos se han ligado directamente con daños graves como cáncer, problemas de aprendizaje y de conducta en los niños, infertilidad, aumento de colesterol, problemas del sistema sanitario y complicaciones en el embarazo.

jueves, 26 de mayo de 2022

El mundo camina a un "ritmo acelerado" hacia la pérdida de biodiversidad
lavanguardia.com


Un millón de especies animales y vegetales se encuentra en peligro de extinción mientras los ecosistemas siguen deteriorándose a "ritmo acelerado" por la actividad humana, ha alertado la ONU, con motivo del Día Internacional de la Diversidad Biológica.

Bajo el lema 'Construir un futuro compartido para todas las formas de vida', el Convenio de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica insta a la sociedad a reexaminar su relación con el mundo natural y a impulsar el marco mundial de la biodiversidad posterior a 2020, que se adoptará en la COP15, prevista en Kunmig (China) a finales de año.

Conservar la biodiversidad, explica, es "fundamental" para el ser humano por su "estrecha relación" con el desarrollo social y económico, la salud y el bienestar y por ser "componente clave" de la sostenibilidad.

Los cambios de usos en la tierra y el medio marino, la sobreexplotación, el cambio climático y las especies exóticas invasoras (EEI) son, entre otras, causas directas de una "alarmante" pérdida de biodiversidad, según el informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).

Este documento señala además como causas indirectas los hábitos de consumo, los modelos de producción, dinámicas y tendencias de la población humana, el comercio, las innovaciones tecnológicas y los sistemas de gobernanza.

La Convención de Ramsar, que analiza el estado de los humedales del mundo aporta más datos al certificar la desaparición del 90 % de estos ecosistemas -tasa tres veces superior a la de pérdida de bosques-con una cuarta parte de sus especies en peligro de extinción y mala calidad de sus aguas.

En el marco europeo, el informe sobre el Estado de la Naturaleza de la UE cita como principales responsables del declive la actividad agrícola y su contaminación, la urbanización, la explotación de especies, las actividades forestales o la modificación de regímenes hidrológicos.

En el caso de España, según el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, sigue siendo uno de los países con mayor diversidad biológica de la UE y uno de los 25 enclaves con mayor biodiversidad del mundo pues alberga más de 85.000 especies de animales, hongos y plantas -el 54 % de las especies europeas-, 117 hábitats naturales de interés comunitario -el 56 % del total de la UE-, 21 contextos geológicos de relevancia internacional y 1.857 espacios protegidos.

Sin embargo, además de los ya mencionados a otros niveles, existen varios problemas identificados entre los que figura la desertificación y la degradación de tierras, pues España es “extremadamente sensible” a la pérdida de fertilidad de los suelos.

Así lo ha asegurado en entrevista con Efe el biólogo, escritor y ex-profesor, Xulio Gutiérrez, quien destaca también la continua entrada de EEI que traen consigo "numerosos casos de zoonosis”, que "se prevé vayan a más".

Aunque los científicos llevan avisando de la seriedad del problema desde hace más de 40 años, Gutiérrez ha denunciado "la falta de respuesta por parte de quienes toman las decisiones a nivel político, económico y social” ante una situación que se ha tornado ya “irreversible”.

Es una crisis "que está ocurriendo brutalmente rápido" por "una causa antropológica muy específica" que altera de forma "muy brusca" la salud de ecosistemas y personas y sólo queda ahora "paliar los efectos”, por lo que la educación ambiental que suele enfocarse a los niños que "presumiblemente tomarán las decisiones en un futuro pluscuamperfecto" debería ser también para los adultos, concluye Gutiérrez.

Actualmente está en consulta pública el borrador de Real Decreto para la aprobación del Plan Estratégico del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad a 2030, que plantea las líneas de actuación prioritarias del Gobierno.

Entre ellas, figuran el conocimiento, protección y conservación de especies, el patrimonio geológico y espacios naturales protegidos, la recuperación de tierras agrícolas y ganaderas, los bosques, ecosistemas marinos, suelos y ecosistemas edáficos y los ecosistemas urbanos, entre otras.

Este plan pretende también reducir amenazas como las EEI, el cambio climático, la contaminación, el comercio y la recolección ilegal o los incendios forestales, además de fijar compromisos de cooperación y participación internacional y reforzar el marco legislativo.

martes, 17 de mayo de 2022

Ecología y alimentación: la lucha contra el cambio climático pasa por el paladar

lanacion.com.ar

El aumento de la población obligará a cambiar radicalmente los hábitos alimentarios para sobrevivir; el gran dilema del futuro residirá en seguir saciando nuestra hambre contaminando menos



El hambre, ya se sabe, tiene cara de hereje. La guerra de Ucrania aceleró el riesgo de hambruna que azota en forma periódica a las poblaciones más pobres del planeta, pero el aumento de la población mundial –que pasará de 7800 millones de habitantes en la actualidad a 10.000 millones en 2050– obligará a los humanos a modificar radicalmente sus hábitos alimentarios para sobrevivir.

Responder a esa urgencia implicará modificar las prácticas de nutrición. Ese imperativo será uno de los mayores desafíos que deberá resolver la humanidad para subsistir.

El actual modelo, que mantiene al mundo al borde del abismo nutricional desde hace siglos, es insostenible. Por un lado, el rápido agotamiento de recursos naturales impedirá enfrentar el crecimiento demográfico y, al mismo tiempo, la emergencia ecológica obligará a adoptar drásticas alternativas para reemplazar la industria agroalimentaria, responsable de 30% de las emisiones de efecto invernadero y de 70% del consumo de agua potable. “El gran dilema del futuro residirá en seguir saciando nuestra hambre contaminando menos”, explica el finlandés Pekka Pesonen, secretario general de las asociaciones de cooperativas agrícolas europeas Copa y Cogeca.

Desde hace años, el GIEC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima) exhorta a adoptar un régimen alimentario flexitariano, que consiste en reemplazar el consumo de proteínas animales por proteínas vegetales. En la práctica, significa reducir un 70% el consumo de carne y un 50% el consumo de huevos y de leche. Esas recomendaciones, pensadas con mentalidad del siglo XX, son claramente insuficientes para hacer frente a las nuevas exigencias de la realidad del nuevo mundo.

Los investigadores calculan que los platos de nuestro futuro deberán contener como máximo 55 gramos diarios de carne (contra 185 en la actualidad) o una cantidad equivalente de pescados y crustáceos de acuicultura. Esa reducción se equilibrará con un mayor consumo de frutas, legumbres y granos: dos tercios de los aportes proteínicos provendrán de los vegetales. Si los consumidores adoptan esos hábitos de alimentación, estiman los científicos, para 2050 será posible reducir en 56% las emisiones de efecto invernadero.

El objetivo final de esa auténtica revolución antropológica es avanzar en forma progresiva, pero rápida, hacia una alimentación menos contaminante, más sana y nutritiva, y que no represente una amenaza para nuestros ecosistemas.

Por lo menos tres grandes empresas –Beyond Meat, Memphis Meats e Impossible Foods– lanzaron hace tiempo una serie de experiencias para responder a la principal preocupación de los científicos de garantizar el reemplazo de proteínas animales con una carne “artificial” capaz de reproducir el gusto, el olor y la textura de un bife de costilla. La apuesta de los dietólogos y científicos que participan en los diversos proyectos consiste en evitar un cambio radical y encontrar alternativas aceptables para los fanáticos del consumo de carne animal.

Otros laboratorios trabajan en la creación de pescados y crustáceos de síntesis a base de plantas. Existen experiencias positivas con la reproducción artificial de la carne de atún, especie fuertemente amenazada por la pesca industrial. La startup Amini propone desde hace años en los supermercados norteamericanos una alternativa al atún. Los resultados de esas experiencias parecen ser atractivos, pues desde hace algunos años cuentan con subvenciones de inversores sensibles a los temas ecológicos, como Bill Gates o Tyson Foods.

Un interés similar presentan los huevos fabricados a partir de fibras artificiales, que comienzan a imponerse como alternativa para reemplazar la producción de criaderos industriales. El desafío es crucial porque el huevo es la proteína más consumida en el mundo y en muchos países representa el principal aporte nutritivo de la población, sobre todo para los niños en edad escolar. Otra alternativa, igualmente audaz, son los alimentos idénticos a las comidas tradicionales, recreados a partir de pastas reconstituidas en laboratorio y presentadas al consumo por impresoras 3D capaces de reproducir el color, el gusto y la textura de la carne, las pastas o el chocolate con sus mismas cualidades nutricionales. La NASA financia desde 2006 estudios destinados a componer menús completos para los astronautas que deben viajar al espacio o se preparan a pasar largas temporadas en la Luna. La startup BeeHex propone pizzas en 3D que solo necesitan un golpe de horno.

Ahora que los consumidores más reticentes han comenzado a acostumbrarse a los steaks y hamburguesas de soja, las empresas norteamericanas Meati Foods, Nature’s Fynd y MyForest Foods dieron un paso decisivo al proponer diversas imitaciones de carne a base de micelio, ese conjunto de hifas subterráneas que forman la parte vegetativa de un hongo. Sus aplicaciones estaban limitadas, hasta ahora, a fabricar embalajes biodegradables y cuero artificial. Para desarrollarse, esa variedad de hongos no necesita agua, ni aire, ni luz, ni azúcares y –detalle importante– deja una huella ecológica ínfima. Respetando ciertas condiciones de humedad y temperatura, permite obtener una materia orgánica rica en proteínas para la alimentación humana. Otra ventaja es que su masa útil, es decir, la red de filamentos bajo tierra, se duplica cada dos horas. “Nuestro laboratorio produce el equivalente de una vaca cada noche: varios centenares de kilos de una fibra que tiene el gusto y la textura de la carne”, se entusiasma el fundador de Meati, Tyler Huggins.

Nada de eso, sin embargo, alcanzará para resolver los problemas ecológicos y alimentarios que planteará el desarrollo demográfico en los próximos años si el mundo no adopta alternativas verdaderamente intrépidas. La mayor dificultad que plantearán al principio algunas transiciones experimentales consistirá en acostumbrar el paladar y superar el prejuicio de repulsión que suscitan algunas opciones de esa evolución, como la entomofagia (consumo de insectos). Los colombianos saben apreciar algunas delicias culinarias, como las hormigas culonas de Santander, consideradas el caviar de los insectos. Pero en el resto de América y Europa fruncen la nariz cuando descubren esos bichos en el plato. En el mundo existen 2000 millones de personas que comen esos artrópodos: asiáticos y africanos aprecian los grillos fritos, gorgojos, arañas y cigarras que proponen algunos restaurantes y negocios especializados. “Criar grillos respeta el medio ambiente, requiere muy poca tierra y agua, son baratos de producir y tienen un valor nutritivo que rivaliza con el aporte proteínico de la carne o el pescado”, asegura Takahito Watanabe, profesor de desarrollo biológico de la Universidad de Tokushima. Una reciente investigación le permitió confirmar que los grillos tienen alto contenido de calcio, magnesio, zinc, hierro, vitaminas y fibra dietética. Además, pueden ser procesados en fertilizantes, productos farmacéuticos, aceites y polvos fáciles de usar para cocinar comidas equilibradas y saludables.

Desde 2014 la FAO incita a consumir insectos como método más eficaz para luchar contra el hambre. Para vencer las resistencias, los expertos aconsejan transformarlos en steaks mixtos de insectos y vegetales, más aceptables que otras formas de sustitución. Pero la verdadera transición alimentaria, según los expertos, no podrá comenzar hasta que no se sientan realmente los rigores de una verdadera necesidad planetaria.


jueves, 10 de febrero de 2022

Alubias, garbanzos y lentejas contra el cambio climático

lavoz.com.ar

Hay algunos cultivos capaces de aprovechar el nitrógeno atmosférico. Son las leguminosas: desde las lentejas a la alfalfa pasando por alubias y garbanzos.




Según las previsiones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático para los próximos años, se espera que los cultivos del futuro crezcan en ambientes más secos y cálidos.

Los estreses ambientales (descenso en la precipitación, incremento en la temperatura, etc.) son factores clave en la producción y calidad de los cultivos. Por eso será necesario un mayor esfuerzo en el desarrollo de variedades mejor adaptadas a condiciones adversas para alcanzar la creciente demanda de alimentos.

LA CARA Y LA CRUZ DE LOS FERTILIZANTES


Junto con el desarrollo de variedades mejor adaptadas, en las últimas décadas se ha optado por aumentar el uso de fertilizantes nitrogenados. De esta forma se consigue incrementar la producción de manera efectiva y económica. Esto es así porque, en general, la respuesta del cultivo suele ser proporcional al nitrógeno aportado y este es relativamente barato. Tal es su éxito, que el uso global de fertilizantes nitrogenados ha aumentado casi un 800 % desde 1961.

Otro dato que da fe de nuestra actual dependencia: se estima que los abonos sintéticos permiten alimentar a la mitad de la población mundial. O dicho de otra forma, la mitad de las calorías que consumimos han sido producidas gracias a este tipo de fertilizantes.

Frente a estas indudables ventajas, existen inconvenientes.

En el mejor de los casos, solo el 50% del nitrógeno aplicado es tomado por los cultivos. ¿El resto? Parte acaba en las aguas, tanto superficiales como subterráneas, en forma de nitrato, parte se pierde a la atmósfera en forma de óxido nitroso. La principal fuente de emisión de este gas, con un potencial de calentamiento casi 300 veces mayor que el CO₂, son los abonos nitrogenados. Por lo tanto, el uso de estos abonos participa activamente en el calentamiento global.

LEGUMINOSAS AL RESCATE

No todos los cultivos tienen la misma dependencia del nitrógeno sintético. Hay una familia de cultivos que es capaz de aprovechar el nitrógeno atmosférico, formando para ello una relación simbiótica con ciertas bacterias presentes en el suelo. Son las leguminosas: desde las lentejas a la alfalfa pasando por alubias (frijoles) y garbanzos.

Esta relación tiene lugar en unos tejidos subterráneos específicos. Son los nódulos. En ellos, la planta huésped (en este caso las leguminosas) suministra al nódulo la fuente de carbono (energía) en forma de fotoasimilados. La bacteria, a cambio, le suministra el nitrógeno fijado, que puede ser usado por la planta, por ejemplo, para formar proteínas. Esto hace a las leguminosas prácticamente independientes del aporte de nitrógeno sintético.

Así, esta singular característica de las leguminosas puede ayudarnos a combatir el cambio climático de dos maneras:
evitando el uso de abonos nitrogenados y la consiguiente emisión de óxido nitroso;
reduciendo las emisiones de CO₂ asociadas a la producción de fertilizantes (se estiman en el 1,8 % del total de emisiones).

Además, los residuos que deja el cultivo de leguminosas (ricos en nitrógeno) enriquecen el suelo y fertilizan el cultivo siguiente de forma natural.

Entonces, ¿cuál es el problema?

Con todas estas ventajas, pueden pensar que su uso debería estar extendido. Sin embargo, aunque a nivel global ocupan el 15 % de la superficie cultivada, solo por detrás de los cereales, su éxito es mucho menor en Europa. Concretamente se cultivan en el 1,5 % de la superficie agraria europea. 
Esto es debido, principalmente, a tres causas:

Falta de aceptación por parte de los consumidores. Pese a ser un alimento arraigado en la cultura mediterránea, su consumo ha descendido por la introducción de nuevos patrones de consumo.
Alta especialización de la agricultura europea en la producción de cereales y oleaginosas (girasol y colza). Esto provoca una dependencia de los abonos nitrogenados y de las importaciones de materias primas proteicas (Europa importa el 70 %, principalmente soja).

Poco atractivo para los agricultores. Esto es debido a los bajos precios y a que su producción (en gran parte condicionada por su capacidad para fijar nitrógeno) se ve fuertemente afectada por estreses ambientales, muchos de ellos asociados al cambio climático.

EL PROBLEMA LIMITA LA SOLUCIÓN

Como hemos indicado, su independencia de los abonos nitrogenados y su baja huella de carbono hacen de los distintos cultivos de leguminosas una gran herramienta para reducir el impacto de la agricultura en el cambio climático. Sin embargo, al mismo tiempo, la producción de leguminosas se ve fuertemente condicionada por los factores climáticos adversos asociados al mismo.

Es en este punto cuando la investigación entra en escena. El funcionamiento del nódulo está estrechamente relacionado con el estado fisiológico de la planta huésped. Por lo tanto, factores ambientales que afecten a la planta lo harán también a la fijación de nitrógeno por el nódulo y, en definitiva, a la producción. Es preciso incrementar nuestros conocimientos sobre los mecanismos que condicionan la fijación de nitrógeno atmosférico y su potenciación como herramienta de fertilización natural en un contexto de cambio climático.

El trabajo continuo y cooperativo de distintos grupos de investigación (como el nuestro) está permitiendo identificar y comprender estos mecanismos. Esta información nos permite identificar las variedades y perfiles fisiológicos y moleculares implicados en una producción más sostenible en condiciones de crecimiento adversas.

POTENCIAR SU PRODUCCIÓN Y CONSUMO

Como hemos visto, es imprescindible optimizar la gestión de los cultivos para alcanzar el objetivo fijado por la UE de reducir las pérdidas de nutrientes en un 50 % y el uso de fertilizantes sintéticos en un 20 % para 2030. Al mismo tiempo, estos deben satisfacer las demandas de una población creciente y con hábitos de consumo cambiantes. Todo ello bajo unas condiciones de cambio climático.

Con este fin, aprovechar las ventajas agronómicas y ambientales que nos ofrecen las leguminosas es clave. Para ello, es vital comprender el efecto que el calentamiento global tendrá sobre estos cultivos y, con esta información, seleccionar variedades más eficientes en condiciones climáticas futuras. Pero estas acciones, irremediablemente, deben ir unidas a otras medidas como incentivos al cultivo de leguminosas a través de la política agraria comunitaria y aquellas encaminadas a aumentar su consumo entre la población.

* David Soba Hidalgo, investigador Postdoctoral. Agricultura Sostenible y Biomonitorización, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB - CSIC - Gobierno de Navarra) e Iker Aranjuelo Michelena, científico titular. Área de especialización: Caracterización multidisciplinar encaminada al estudio de modelos agrícolas sostenibles, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB - CSIC - Gobierno de Navarra) para The Conversation.