jueves, 26 de mayo de 2022

El mundo camina a un "ritmo acelerado" hacia la pérdida de biodiversidad
lavanguardia.com


Un millón de especies animales y vegetales se encuentra en peligro de extinción mientras los ecosistemas siguen deteriorándose a "ritmo acelerado" por la actividad humana, ha alertado la ONU, con motivo del Día Internacional de la Diversidad Biológica.

Bajo el lema 'Construir un futuro compartido para todas las formas de vida', el Convenio de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica insta a la sociedad a reexaminar su relación con el mundo natural y a impulsar el marco mundial de la biodiversidad posterior a 2020, que se adoptará en la COP15, prevista en Kunmig (China) a finales de año.

Conservar la biodiversidad, explica, es "fundamental" para el ser humano por su "estrecha relación" con el desarrollo social y económico, la salud y el bienestar y por ser "componente clave" de la sostenibilidad.

Los cambios de usos en la tierra y el medio marino, la sobreexplotación, el cambio climático y las especies exóticas invasoras (EEI) son, entre otras, causas directas de una "alarmante" pérdida de biodiversidad, según el informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).

Este documento señala además como causas indirectas los hábitos de consumo, los modelos de producción, dinámicas y tendencias de la población humana, el comercio, las innovaciones tecnológicas y los sistemas de gobernanza.

La Convención de Ramsar, que analiza el estado de los humedales del mundo aporta más datos al certificar la desaparición del 90 % de estos ecosistemas -tasa tres veces superior a la de pérdida de bosques-con una cuarta parte de sus especies en peligro de extinción y mala calidad de sus aguas.

En el marco europeo, el informe sobre el Estado de la Naturaleza de la UE cita como principales responsables del declive la actividad agrícola y su contaminación, la urbanización, la explotación de especies, las actividades forestales o la modificación de regímenes hidrológicos.

En el caso de España, según el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, sigue siendo uno de los países con mayor diversidad biológica de la UE y uno de los 25 enclaves con mayor biodiversidad del mundo pues alberga más de 85.000 especies de animales, hongos y plantas -el 54 % de las especies europeas-, 117 hábitats naturales de interés comunitario -el 56 % del total de la UE-, 21 contextos geológicos de relevancia internacional y 1.857 espacios protegidos.

Sin embargo, además de los ya mencionados a otros niveles, existen varios problemas identificados entre los que figura la desertificación y la degradación de tierras, pues España es “extremadamente sensible” a la pérdida de fertilidad de los suelos.

Así lo ha asegurado en entrevista con Efe el biólogo, escritor y ex-profesor, Xulio Gutiérrez, quien destaca también la continua entrada de EEI que traen consigo "numerosos casos de zoonosis”, que "se prevé vayan a más".

Aunque los científicos llevan avisando de la seriedad del problema desde hace más de 40 años, Gutiérrez ha denunciado "la falta de respuesta por parte de quienes toman las decisiones a nivel político, económico y social” ante una situación que se ha tornado ya “irreversible”.

Es una crisis "que está ocurriendo brutalmente rápido" por "una causa antropológica muy específica" que altera de forma "muy brusca" la salud de ecosistemas y personas y sólo queda ahora "paliar los efectos”, por lo que la educación ambiental que suele enfocarse a los niños que "presumiblemente tomarán las decisiones en un futuro pluscuamperfecto" debería ser también para los adultos, concluye Gutiérrez.

Actualmente está en consulta pública el borrador de Real Decreto para la aprobación del Plan Estratégico del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad a 2030, que plantea las líneas de actuación prioritarias del Gobierno.

Entre ellas, figuran el conocimiento, protección y conservación de especies, el patrimonio geológico y espacios naturales protegidos, la recuperación de tierras agrícolas y ganaderas, los bosques, ecosistemas marinos, suelos y ecosistemas edáficos y los ecosistemas urbanos, entre otras.

Este plan pretende también reducir amenazas como las EEI, el cambio climático, la contaminación, el comercio y la recolección ilegal o los incendios forestales, además de fijar compromisos de cooperación y participación internacional y reforzar el marco legislativo.

martes, 17 de mayo de 2022

Ecología y alimentación: la lucha contra el cambio climático pasa por el paladar

lanacion.com.ar

El aumento de la población obligará a cambiar radicalmente los hábitos alimentarios para sobrevivir; el gran dilema del futuro residirá en seguir saciando nuestra hambre contaminando menos



El hambre, ya se sabe, tiene cara de hereje. La guerra de Ucrania aceleró el riesgo de hambruna que azota en forma periódica a las poblaciones más pobres del planeta, pero el aumento de la población mundial –que pasará de 7800 millones de habitantes en la actualidad a 10.000 millones en 2050– obligará a los humanos a modificar radicalmente sus hábitos alimentarios para sobrevivir.

Responder a esa urgencia implicará modificar las prácticas de nutrición. Ese imperativo será uno de los mayores desafíos que deberá resolver la humanidad para subsistir.

El actual modelo, que mantiene al mundo al borde del abismo nutricional desde hace siglos, es insostenible. Por un lado, el rápido agotamiento de recursos naturales impedirá enfrentar el crecimiento demográfico y, al mismo tiempo, la emergencia ecológica obligará a adoptar drásticas alternativas para reemplazar la industria agroalimentaria, responsable de 30% de las emisiones de efecto invernadero y de 70% del consumo de agua potable. “El gran dilema del futuro residirá en seguir saciando nuestra hambre contaminando menos”, explica el finlandés Pekka Pesonen, secretario general de las asociaciones de cooperativas agrícolas europeas Copa y Cogeca.

Desde hace años, el GIEC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima) exhorta a adoptar un régimen alimentario flexitariano, que consiste en reemplazar el consumo de proteínas animales por proteínas vegetales. En la práctica, significa reducir un 70% el consumo de carne y un 50% el consumo de huevos y de leche. Esas recomendaciones, pensadas con mentalidad del siglo XX, son claramente insuficientes para hacer frente a las nuevas exigencias de la realidad del nuevo mundo.

Los investigadores calculan que los platos de nuestro futuro deberán contener como máximo 55 gramos diarios de carne (contra 185 en la actualidad) o una cantidad equivalente de pescados y crustáceos de acuicultura. Esa reducción se equilibrará con un mayor consumo de frutas, legumbres y granos: dos tercios de los aportes proteínicos provendrán de los vegetales. Si los consumidores adoptan esos hábitos de alimentación, estiman los científicos, para 2050 será posible reducir en 56% las emisiones de efecto invernadero.

El objetivo final de esa auténtica revolución antropológica es avanzar en forma progresiva, pero rápida, hacia una alimentación menos contaminante, más sana y nutritiva, y que no represente una amenaza para nuestros ecosistemas.

Por lo menos tres grandes empresas –Beyond Meat, Memphis Meats e Impossible Foods– lanzaron hace tiempo una serie de experiencias para responder a la principal preocupación de los científicos de garantizar el reemplazo de proteínas animales con una carne “artificial” capaz de reproducir el gusto, el olor y la textura de un bife de costilla. La apuesta de los dietólogos y científicos que participan en los diversos proyectos consiste en evitar un cambio radical y encontrar alternativas aceptables para los fanáticos del consumo de carne animal.

Otros laboratorios trabajan en la creación de pescados y crustáceos de síntesis a base de plantas. Existen experiencias positivas con la reproducción artificial de la carne de atún, especie fuertemente amenazada por la pesca industrial. La startup Amini propone desde hace años en los supermercados norteamericanos una alternativa al atún. Los resultados de esas experiencias parecen ser atractivos, pues desde hace algunos años cuentan con subvenciones de inversores sensibles a los temas ecológicos, como Bill Gates o Tyson Foods.

Un interés similar presentan los huevos fabricados a partir de fibras artificiales, que comienzan a imponerse como alternativa para reemplazar la producción de criaderos industriales. El desafío es crucial porque el huevo es la proteína más consumida en el mundo y en muchos países representa el principal aporte nutritivo de la población, sobre todo para los niños en edad escolar. Otra alternativa, igualmente audaz, son los alimentos idénticos a las comidas tradicionales, recreados a partir de pastas reconstituidas en laboratorio y presentadas al consumo por impresoras 3D capaces de reproducir el color, el gusto y la textura de la carne, las pastas o el chocolate con sus mismas cualidades nutricionales. La NASA financia desde 2006 estudios destinados a componer menús completos para los astronautas que deben viajar al espacio o se preparan a pasar largas temporadas en la Luna. La startup BeeHex propone pizzas en 3D que solo necesitan un golpe de horno.

Ahora que los consumidores más reticentes han comenzado a acostumbrarse a los steaks y hamburguesas de soja, las empresas norteamericanas Meati Foods, Nature’s Fynd y MyForest Foods dieron un paso decisivo al proponer diversas imitaciones de carne a base de micelio, ese conjunto de hifas subterráneas que forman la parte vegetativa de un hongo. Sus aplicaciones estaban limitadas, hasta ahora, a fabricar embalajes biodegradables y cuero artificial. Para desarrollarse, esa variedad de hongos no necesita agua, ni aire, ni luz, ni azúcares y –detalle importante– deja una huella ecológica ínfima. Respetando ciertas condiciones de humedad y temperatura, permite obtener una materia orgánica rica en proteínas para la alimentación humana. Otra ventaja es que su masa útil, es decir, la red de filamentos bajo tierra, se duplica cada dos horas. “Nuestro laboratorio produce el equivalente de una vaca cada noche: varios centenares de kilos de una fibra que tiene el gusto y la textura de la carne”, se entusiasma el fundador de Meati, Tyler Huggins.

Nada de eso, sin embargo, alcanzará para resolver los problemas ecológicos y alimentarios que planteará el desarrollo demográfico en los próximos años si el mundo no adopta alternativas verdaderamente intrépidas. La mayor dificultad que plantearán al principio algunas transiciones experimentales consistirá en acostumbrar el paladar y superar el prejuicio de repulsión que suscitan algunas opciones de esa evolución, como la entomofagia (consumo de insectos). Los colombianos saben apreciar algunas delicias culinarias, como las hormigas culonas de Santander, consideradas el caviar de los insectos. Pero en el resto de América y Europa fruncen la nariz cuando descubren esos bichos en el plato. En el mundo existen 2000 millones de personas que comen esos artrópodos: asiáticos y africanos aprecian los grillos fritos, gorgojos, arañas y cigarras que proponen algunos restaurantes y negocios especializados. “Criar grillos respeta el medio ambiente, requiere muy poca tierra y agua, son baratos de producir y tienen un valor nutritivo que rivaliza con el aporte proteínico de la carne o el pescado”, asegura Takahito Watanabe, profesor de desarrollo biológico de la Universidad de Tokushima. Una reciente investigación le permitió confirmar que los grillos tienen alto contenido de calcio, magnesio, zinc, hierro, vitaminas y fibra dietética. Además, pueden ser procesados en fertilizantes, productos farmacéuticos, aceites y polvos fáciles de usar para cocinar comidas equilibradas y saludables.

Desde 2014 la FAO incita a consumir insectos como método más eficaz para luchar contra el hambre. Para vencer las resistencias, los expertos aconsejan transformarlos en steaks mixtos de insectos y vegetales, más aceptables que otras formas de sustitución. Pero la verdadera transición alimentaria, según los expertos, no podrá comenzar hasta que no se sientan realmente los rigores de una verdadera necesidad planetaria.


jueves, 10 de febrero de 2022

Alubias, garbanzos y lentejas contra el cambio climático

lavoz.com.ar

Hay algunos cultivos capaces de aprovechar el nitrógeno atmosférico. Son las leguminosas: desde las lentejas a la alfalfa pasando por alubias y garbanzos.




Según las previsiones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático para los próximos años, se espera que los cultivos del futuro crezcan en ambientes más secos y cálidos.

Los estreses ambientales (descenso en la precipitación, incremento en la temperatura, etc.) son factores clave en la producción y calidad de los cultivos. Por eso será necesario un mayor esfuerzo en el desarrollo de variedades mejor adaptadas a condiciones adversas para alcanzar la creciente demanda de alimentos.

LA CARA Y LA CRUZ DE LOS FERTILIZANTES


Junto con el desarrollo de variedades mejor adaptadas, en las últimas décadas se ha optado por aumentar el uso de fertilizantes nitrogenados. De esta forma se consigue incrementar la producción de manera efectiva y económica. Esto es así porque, en general, la respuesta del cultivo suele ser proporcional al nitrógeno aportado y este es relativamente barato. Tal es su éxito, que el uso global de fertilizantes nitrogenados ha aumentado casi un 800 % desde 1961.

Otro dato que da fe de nuestra actual dependencia: se estima que los abonos sintéticos permiten alimentar a la mitad de la población mundial. O dicho de otra forma, la mitad de las calorías que consumimos han sido producidas gracias a este tipo de fertilizantes.

Frente a estas indudables ventajas, existen inconvenientes.

En el mejor de los casos, solo el 50% del nitrógeno aplicado es tomado por los cultivos. ¿El resto? Parte acaba en las aguas, tanto superficiales como subterráneas, en forma de nitrato, parte se pierde a la atmósfera en forma de óxido nitroso. La principal fuente de emisión de este gas, con un potencial de calentamiento casi 300 veces mayor que el CO₂, son los abonos nitrogenados. Por lo tanto, el uso de estos abonos participa activamente en el calentamiento global.

LEGUMINOSAS AL RESCATE

No todos los cultivos tienen la misma dependencia del nitrógeno sintético. Hay una familia de cultivos que es capaz de aprovechar el nitrógeno atmosférico, formando para ello una relación simbiótica con ciertas bacterias presentes en el suelo. Son las leguminosas: desde las lentejas a la alfalfa pasando por alubias (frijoles) y garbanzos.

Esta relación tiene lugar en unos tejidos subterráneos específicos. Son los nódulos. En ellos, la planta huésped (en este caso las leguminosas) suministra al nódulo la fuente de carbono (energía) en forma de fotoasimilados. La bacteria, a cambio, le suministra el nitrógeno fijado, que puede ser usado por la planta, por ejemplo, para formar proteínas. Esto hace a las leguminosas prácticamente independientes del aporte de nitrógeno sintético.

Así, esta singular característica de las leguminosas puede ayudarnos a combatir el cambio climático de dos maneras:
evitando el uso de abonos nitrogenados y la consiguiente emisión de óxido nitroso;
reduciendo las emisiones de CO₂ asociadas a la producción de fertilizantes (se estiman en el 1,8 % del total de emisiones).

Además, los residuos que deja el cultivo de leguminosas (ricos en nitrógeno) enriquecen el suelo y fertilizan el cultivo siguiente de forma natural.

Entonces, ¿cuál es el problema?

Con todas estas ventajas, pueden pensar que su uso debería estar extendido. Sin embargo, aunque a nivel global ocupan el 15 % de la superficie cultivada, solo por detrás de los cereales, su éxito es mucho menor en Europa. Concretamente se cultivan en el 1,5 % de la superficie agraria europea. 
Esto es debido, principalmente, a tres causas:

Falta de aceptación por parte de los consumidores. Pese a ser un alimento arraigado en la cultura mediterránea, su consumo ha descendido por la introducción de nuevos patrones de consumo.
Alta especialización de la agricultura europea en la producción de cereales y oleaginosas (girasol y colza). Esto provoca una dependencia de los abonos nitrogenados y de las importaciones de materias primas proteicas (Europa importa el 70 %, principalmente soja).

Poco atractivo para los agricultores. Esto es debido a los bajos precios y a que su producción (en gran parte condicionada por su capacidad para fijar nitrógeno) se ve fuertemente afectada por estreses ambientales, muchos de ellos asociados al cambio climático.

EL PROBLEMA LIMITA LA SOLUCIÓN

Como hemos indicado, su independencia de los abonos nitrogenados y su baja huella de carbono hacen de los distintos cultivos de leguminosas una gran herramienta para reducir el impacto de la agricultura en el cambio climático. Sin embargo, al mismo tiempo, la producción de leguminosas se ve fuertemente condicionada por los factores climáticos adversos asociados al mismo.

Es en este punto cuando la investigación entra en escena. El funcionamiento del nódulo está estrechamente relacionado con el estado fisiológico de la planta huésped. Por lo tanto, factores ambientales que afecten a la planta lo harán también a la fijación de nitrógeno por el nódulo y, en definitiva, a la producción. Es preciso incrementar nuestros conocimientos sobre los mecanismos que condicionan la fijación de nitrógeno atmosférico y su potenciación como herramienta de fertilización natural en un contexto de cambio climático.

El trabajo continuo y cooperativo de distintos grupos de investigación (como el nuestro) está permitiendo identificar y comprender estos mecanismos. Esta información nos permite identificar las variedades y perfiles fisiológicos y moleculares implicados en una producción más sostenible en condiciones de crecimiento adversas.

POTENCIAR SU PRODUCCIÓN Y CONSUMO

Como hemos visto, es imprescindible optimizar la gestión de los cultivos para alcanzar el objetivo fijado por la UE de reducir las pérdidas de nutrientes en un 50 % y el uso de fertilizantes sintéticos en un 20 % para 2030. Al mismo tiempo, estos deben satisfacer las demandas de una población creciente y con hábitos de consumo cambiantes. Todo ello bajo unas condiciones de cambio climático.

Con este fin, aprovechar las ventajas agronómicas y ambientales que nos ofrecen las leguminosas es clave. Para ello, es vital comprender el efecto que el calentamiento global tendrá sobre estos cultivos y, con esta información, seleccionar variedades más eficientes en condiciones climáticas futuras. Pero estas acciones, irremediablemente, deben ir unidas a otras medidas como incentivos al cultivo de leguminosas a través de la política agraria comunitaria y aquellas encaminadas a aumentar su consumo entre la población.

* David Soba Hidalgo, investigador Postdoctoral. Agricultura Sostenible y Biomonitorización, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB - CSIC - Gobierno de Navarra) e Iker Aranjuelo Michelena, científico titular. Área de especialización: Caracterización multidisciplinar encaminada al estudio de modelos agrícolas sostenibles, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB - CSIC - Gobierno de Navarra) para The Conversation.

martes, 28 de diciembre de 2021

Cambio climático: Estados Unidos endurece normas de emisiones para automóviles

lanacion.com.ar

El Gobierno estadounidense anunció este lunes que los automóviles que se venderán en el país a partir de 2023 tendrán que consumir mucho menos combustible que los que se comercializan actualmente, en la última apuesta del presidente Joe Biden para combatir el cambio climático.

”Hemos seguido a la ciencia, hemos escuchado a las partes interesadas y establecemos normas sólidas y rigurosas que reducirán enérgicamente la contaminación que daña a las personas y a nuestro planeta, y al mismo tiempo ahorrarán dinero a las familias”, informó la Agencia de Protección Ambiental (EPA).

Las nuevas medidas aprobadas por el gobierno de Biden revierten las menos estrictas respaldadas por su predecesor, el republicano Donald Trump.

El anuncio se ha hecho público justo cuando el enorme plan de gasto social Build Back Better (Reconstruir Mejor) de Biden puede haber recibido un golpe mortal después de que un senador demócrata clave dijera que no apoyaría el proyecto, de un coste de 1,75 billones de dólares y en el que se incluye la financiación de nuevas iniciativas para luchar contra el cambio climático.

Según las nuevas reglas de la EPA, los coches (incluidos SUV y camionetas) deberán ser capaces de recorrer 55 millas o 88,5 kilómetros a una velocidad continua con un galón de combustible (casi 4 litros) para 2026, o sea 40 millas o 64,4 kilómetros en condiciones reales de circulación.

Para conseguirlo, el gobierno cuenta con la capacidad de los fabricantes de automóviles para mejorar el desempeño técnico de los motores, pero también con el aumento de las ventas de vehículos eléctricos.

”Para mediados de 2026, la EPA predice que se pueden cumplir las normas finales, con alrededor de un 17% de vehículos eléctricos vendidos y una adopción más amplia de la tecnología avanzada de motores de gasolina disponible en la actualidad”, dijo.

La agencia estima que “los conductores estadounidenses ahorrarán entre 210.000 y 420.000 millones de dólares para 2050 en costos de carburante”.

La reglamentación actual en emisiones, aprobada en marzo de 2020 por la administración de Trump, pide a los fabricantes que mejoren el rendimiento energético de sus modelos en un 1,5% anual entre 2021 y 2026, en comparación con el 5% exigido por el gobierno de su predecesor, el demócrata Barack Obama.

domingo, 12 de diciembre de 2021

¿Cómo será 2060? El mapa con nuestros posibles futuros climáticos
elpais.com

En los peores escenarios, los días de 40 grados se multiplicarán por ocho en el Mediterráneo. Explore las predicciones de los científicos del IPCC sobre el calentamiento global región por región


Escenario pesimista. Si seguimos como hasta ahora, con el mismo ritmo de emisiones de gases efecto invernadero, las predicciones dicen que para 2060 habremos elevado la temperatura unos 4 grados.

La cumbre del clima afronta su segunda y última semana de negociaciones. Los representantes de los casi 200 países reunidos en Glasgow discuten sobre en qué mundo tendrá que vivir el ser humano en las próximas décadas. El objetivo es romper con la trayectoria creciente de emisiones de gases de efecto invernadero, para que el calentamiento no se encamine hacia los 4 grados y se pueda mantener dentro del margen de seguridad fijado por los científicos, entre los 2 y los 1,5 grados. ¿El problema? Eso exige que las naciones reduzcan de forma drástica y urgente su consumo de combustibles fósiles, el alimento fundamental del crecimiento económico.

Las negociaciones de Glasgow se están desarrollando en un contexto de alerta científica. El último gran informe del IPCC —el grupo de científicos que radiografía el calentamiento bajo el paraguas de la ONU— advertía de que los fenómenos climáticos extremos son cada vez más intensos y frecuentes. Pero recordaba que el calentamiento todavía se puede contener. Para ese informe del IPCC se elaboró un atlas con las consecuencias del calentamiento en diferentes escenarios de emisiones. Es decir, un mapa de los “futuros mundos posibles”, como explica José Manuel Gutiérrez, director del Instituto de Física de Cantabria y coordinador de ese proyecto en el que participan el CSIC y la empresa tecnológica Predictia.

Partiendo de los datos de ese trabajo, EL PAÍS ha elaborado un mapa que permite explorar las predicciones de los científicos de temperatura, sequía y lluvia, en cada región del planeta, y en los tres escenarios: pesimista, intermedio y optimista. Aquí puede navegar por los posibles futuros posibles.


El futuro si las cosas siguen igual

En un escenario pesimista, con emisiones que no se frenan y continúan con el ritmo creciente actual, lo que auguran las predicciones de los modelos del IPCC es un calentamiento acelerado que llevaría a un incremento medio de la temperatura mundial de 4 grados. Es útil imaginar una niña y a su abuelo, los dos de España o Italia.

A lo largo de su vida, el abuelo ha visto subir la temperatura en uno o dos grados desde 1950. En cambio, en el escenario pesimista de emisiones, su nieta vería una subida de 4 grados desde 2010 a 2080. El abuelo ha visto como el calor extremo pasaba de 4 a 10 días anuales; la nieta los verá llegar a 33. Los periodos de sequía no han cambiado mucho durante la vida del anciano, pero su nieta podría verlas pasar de 80 a 96 días de media.

El futuro si actuamos


El escenario optimista consiste en aplicar planes drásticos y rápidos de reducción de emisiones de efecto invernadero, hasta su práctica eliminación a partir de la segunda mitad de siglo. Ese es el objetivo del Acuerdo de París, que busca que el calentamiento global se quede entre los 1,5 y los 2 grados respecto a los niveles preindustriales (ahora ya estamos en 1,1 grados).

Porque, tras dos siglos de emisiones crecientes de unos gases que permanecerán durante muchas décadas en la atmósfera, a lo que puede aspirar la humanidad en estos momentos es a limitar el aumento de la temperatura, pero no a revertirlo.

La lucha contra el cambio climático es cuestión de justicia territorial y generacional. Territorial porque a los que más daño les hará el calentamiento es a los que menos responsabilidad tienen: los países más pobres y que menos han emitido. Y generacional porque las peores consecuencias de ignorar sistemáticamente las alertas científicas sobre los gases de efecto invernadero las afrontarán las generaciones futuras.

Aunque el cambio climático es imparable, todavía es posible decidir las dimensiones de nuestra herencia. Por ejemplo, en un mundo con un calentamiento moderado —de dos grados de aumento medio global—, los días de calor extremo que sufriría en 2070 esa nieta de la que hablábamos pasarían de los 33 del escenario pesimista a 14.

Lo mismo ocurriría con las sequías: esa niña padecería algunas de 80 días en el escenario optimista, una cifra como la actual, frente a los 96 del mundo alternativo en el que la humanidad prefirió seguir ignorando las alertas y quemando combustibles fósiles.

¿Y hacia dónde nos encaminamos ahora?

Si se atiende a los planes a corto y medio plazo de los países, el ritmo que llevarán las emisiones durante esta década conducirá a un calentamiento de unos 2,7 grados, según la última evaluación realizada por Naciones Unidas. Es decir, se necesita que los países endurezcan más sus planes de recorte de emisiones. Sin embargo, si se tienen en cuenta las metas a largo plazo que se están fijando las naciones —para mediados de siglo— y a las promesas hechas en la cumbre en la primera semana, la Agencia Internacional de la Energía sostiene que se podría estar en la senda de los 1,8 grados.

El problema es que esas promesas y metas de futuro no casan en muchos casos con los planes concretos de recorte de emisiones de aquí a 2030. Anne Olhoff, la economista que coordina desde hace más de una década los informes de análisis de los programas nacionales de recorte de gases de efecto invernadero para la ONU, lo resumía esta semana así a EL PAÍS: “Lo que realmente importa es que las promesas estén respaldadas con medidas a corto y medio plazo que proporcionen confianza en que se pueden lograr”.

Metodología

Fuentes. Los datos provienen del Atlas del IPCC, un proyecto en el que participan el CSIC y la empresa tecnológica Predictia. Para su tratamiento nos han ayudado Maialen Iturbide y José Manuel Gutiérrez, del Instituto de Física de Cantabria.

Escenarios 

Hemos considerado tres escenarios de emisión de gases de efecto invernadero. El SSP1-26 es un escenario ambicioso, que permitiría limitar el nivel de calentamiento global por debajo de 2 grados (como recogía el Acuerdo de París). El SSP2-45 es un escenario intermedio, y el SSP5-85, es el peor, con el mayor nivel de emisiones, que elevaría la temperatura del planeta en 4 o 5 grados. Se puede leer sobre los escenarios en los documentos del IPCC.

Variables climáticas

Hemos usado cuatro métricas: la temperatura media, el número de días al año con temperaturas que superan los 40 grados, la precipitación media anual en mm/día, y los días consecutivos de sequía (menos de 1 mm).

Incertidumbre

Hemos resumido cada métrica con una predicción puntual: la mediana de predicciones de la batería de decenas de modelos que usa el Atlas del IPCC.


¿Podría volver a ser verde el Sáhara?Hace miles de años, las dunas arenosas del Sáhara estaban repletas de vegetación
muyinteresante.es




En algún momento de la historia (entre 11 000 y 5 000 años después de la última Edad de Hielo) la vegetación creció sobre el desierto del Sáhara. Las dunas arenosas estaban repletas de plantas, y las precipitaciones favorecieron que las cuevas más populares del Sáhara se convirtieran en lagos. De hecho, sus 9 millones de kilómetros cuadrados se volvieron verdes y algunas especies, como los hipopótamos, los elefantes o los antílopes se alimentaban de los pastos y arbustos que crecían en el desierto.

Aunque esto ocurrió hace miles de años, lo cierto es que el Sáhara podría volver a teñirse de verde. Según Kathleen Johnson, profesora de sistemas terrestres en la Universidad de California, el Periodo Húmedo Africano (también conocido como el Sáhara Verde) se produjo por la rotación de la Tierra alrededor de su eje, pues la Tierra, cada 23 000 años, sufre un bamboleo en su órbita y en su eje.

Este bamboleo de la Tierra provoca que el viento y la lluvia se desplacen a otras latitudes. En este caso, los monzones (vientos estacionales que producen el desplazamiento de grandes cantidades de agua) descargarían más al norte de África, sobre el Sáhara, en lugar de caer sobre el África subsahariana. Sin embargo, debido al cambio climático y los gases de efecto invernadero, los científicos no saben cuándo el Sáhara, (actualmente el desierto cálido más grande del mundo), se transformará en un bosque fluvial.


Inclinación de la Tierra

Hace unos 8 000 años, la inclinación de la Tierra cambió de unos 24,1 grados hasta los 23,5 actuales. Esta variación provocó una enorme diferencia, pues ahora el hemisferio norte se inclina más lejos del sol durante los meses de invierno. No obstante, durante el Sáhara Verde el hemisferio norte estaba más cerca del sol en verano.

Esto provocó un aumento de la radiación solar (es decir, calor) en el hemisferio norte de la Tierra y, en consecuencia, aumentó el monzón africano. El aumento de humedad transformó el Sáhara, anteriormente arenoso, en un terreno cubierto de hierba y arbustos.

Sin embargo, la órbita de la Tierra volvió a reacomodarse, por lo que este clima no duró más de dos siglos. Y, aunque el cambio en la radiación solar fue gradual, el paisaje cambió de forma repentina. Actualmente los científicos esperan que el Sáhara Verde vuelva a reaparecer dentro de unos 10 000 años, aunque no pueden predecir cómo afectarán los gases de efecto invernadero a este ciclo climático natural.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Un tercio de los árboles silvestres del mundo están al borde de la extinción (y cuáles corren más peligro)
lanacion.com.ar


Las especies amenazadas van desde robles y magnolias hasta árboles tropicales

Miles de especies de árboles se encuentran en peligro 

Al menos uno de cada tres árboles en estado silvestre se enfrenta a la extinción en todo el mundo, según las conclusiones de un reciente informe.

El reporte Estado de los árboles en el mundo, elaborado por Botanic Gardens Conservation International (BGCI), una organización con sede en Londres, concluyó que entre un tercio y la mitad de las especies de árboles en todo el planeta podría desaparecer.

 Las especies amenazadas van desde robles y magnolias hasta árboles tropicales. Los expertos dicen que 17.500 especies se encuentran en peligro, el doble de la cantidad de mamíferos, aves, anfibios y reptiles amenazados todos juntos.

Los grupos conservacionistas están pidiendo esfuerzos de protección urgentes en medio de amenazas como la deforestación, tala y el cambio climático.

“Tenemos cerca de 60.000 especies de árboles en el planeta; y por primera vez sabemos cuáles de estas especies necesitan acciones de conservación, cuáles son las mayores amenazas para ellas y dónde se encuentran”, dijo Malin Rivers, de la BGCI.

 “Para un planeta saludable necesitamos diversidad de especies de árboles”, agregó Sara Oldfield, copresidenta del Grupo Global de Especialistas en Árboles de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

“Cada especie de árbol tiene un papel ecológico único que desempeñar”, dijo. “Con el 30% de las especies de árboles del mundo en peligro de extinción, necesitamos ampliar urgentemente las acciones de conservación”.

Especies amenazadas

Unas 142 especies ya han desaparecido de la naturaleza, mientras que 442 están al borde de la extinción y quedan menos de 50 árboles individuales.

Las mayores amenazas para los árboles a nivel mundial son la agricultura (que afecta a 29% de las especies), la tala (27%), ganadería (14%), desarrollo urbano y comercial (13%) e incendios (13%).

Otras amenazas son la producción de energía y minería (9%), plantaciones de madera y pulpa (6%), especies invasivas (5%) y cambio climático (4%).

La tala de árboles es una de las mayores amenazas

Madagascar encabeza la lista de países con mayor número de especies amenazadas, un total de 1.842, lo que representa 59% del total de las especies en la isla.

Le sigue Brasil, hogar del Amazonas, donde 1.788 especies de árboles, 20% del total, están amenazados; e Indonesia: 1.306, lo que equivale a un 23%.

Muchas de las miles de especies amenazadas se encuentran en los países más biodiversos del planeta, como son Brasil, Colombia, Indonesia, Malasia, Venezuela y China.

Aunque los países megadiversos ven el mayor número de variedades en riesgo de extinción, las especies de árboles de las islas corren un riesgo más proporcional, tal como informó la agencia de noticias Reuters citando al informe.

“Esto es particularmente preocupante porque muchas islas tienen especies de árboles que er”, agregó el informe.

Los árboles en riesgo particular de extinción incluyen:


Grandes árboles tropicales conocidos como dipterocarpus que se están perdiendo debido a la expansión de las plantaciones de aceite de palma.
Robles debido a la agricultura y el desarrollo en partes de México, Chile y Argentina.
Ébano y palo de rosa usados para obtener madera en Madagascar.
Árboles de magnolia amenazados por la recolección insostenible de plantas.
Árboles como el fresno que mueren a causa de plagas y enfermedades en el Reino Unido y América del Norte.


Soluciones


El cambio climático, el clima extremo y el aumento del nivel del mar son amenazas crecientes para los árboles. Pero los autores dicen que con la acción de conservación, hay esperanza para el futuro.

“El informe nos da esa hoja de ruta para movilizar a la comunidad conservacionista en general y otros actores clave para asegurar que la conservación de los árboles esté al frente de la agenda de conservación”, dijo Rivers.

Los expertos piden una serie de acciones, que incluyen:


Preservar los bosques existentes y ampliar las áreas protegidas (actualmente, al menos el 64% de todas las especies de árboles se pueden encontrar en al menos un área protegida).
Mantener especies amenazadas en jardines botánicos o bancos de semillas con la esperanza de que algún día puedan volver a la naturaleza (actualmente, alrededor del 30% de todos los árboles están respaldados de esta manera)
Proporcionar educación para garantizar que los planes de reforestación y plantación de árboles se lleven a cabo científicamente, con el árbol correcto en el lugar correcto, incluidas las especies raras y amenazadas.


Aumentar la financiación para la conservación de árboles.

Los científicos estiman que un millón de especies de animales y plantas están en peligro de extinción.

Durante los últimos 300 años, la superficie forestal mundial ha disminuido en aproximadamente un 40% y 29 países han perdido más del 90% de su cubierta forestal.

 

BBC Mundo